
@historiador en su perfil de X-Twitter, El vicio impune de leer, colgó hace unos días un post donde se preguntaba ¿Qué es un libro totémico? Él mismo nos daba la respuesta:
Es ese libro al que uno vuelve siempre, que marcó un antes y un después en la vida de uno o en su aprendizaje como lector. Ese libro que lees una y otra vez, completo o por partes. O ese capítulo o fragmento al que recurres cuando te encuentras triste, abatido, derrotado por las circunstancias y su sola lectura te devuelve la alegría por la vida, las ganas de volver a empezar o intentarlo de nuevo. El libro es «tuyo» exclusivamente por una diversidad de razones personales (las circunstancias en las que lo leíste, tal vez la persona que te obsequió o de quien lo heredaste, un momento clave de tu existencia que quedó grabado en la memoria que tienes de sus páginas, etc.).
El libro al que, como tótem, recurrimos para que nos proteja de la miseria de este mundo y que, como todo tótem, es nuestro ancestro: sin él, no existiríamos. Al menos, no como lectores.
En su escrito del día 9 de abril, http://www.bubisher.org/la-palabra-mas-hermosa-del-mundo/ el equipo del Bubisher en los campamentos saharauis, hacía una sugerencia a todos los lectores de nuestra web:
Nos gustaría saber cuál es para vosotros la palabra más hermosa del mundo, para decírselo a nuestros pequeños lectores. Porque también a través de vosotros aprenderán nuevas palabras hermosas.
Además de la palabra más hermosa del mundo, yo añadiría otra sugerencia: la de un libro totémico. Para enriquecer las lecturas de nuestros jóvenes.
Recogiendo el guante de nuestro equipo en el Sáhara. La palabra más hermosa del mundo, al menos para mí, es: Bubisher. No solo, porque es una palabra bella, conocida y admirada por muchas niñas y niños. Sino, porque es un libro abierto. Escrito mano con mano. Entre jóvenes y mayores, mujeres y hombres. Saharauis y ciudadanos de muchas partes del mundo. Bubisher es una tuiza universal. Por y para el pueblo saharaui. Y es un libro que se seguirá escribiendo y celebrando. En el exilio y ojalá muy pronto, en Tiris. En el mismísimo corazón de Leyuad. Libre de drones y de muros. O en las dunas de El Aaiún o frente al mar de Dajla.
Bubisher es la palabra más hermosa del mundo. Y, por qué no decirlo. Es un libro grandioso y excelente. Uno de nuestros libros totémicos. Y recomendamos su lectura a todo el mundo.
Limam Boisha












Recuerdo también esos sábado y domingos que toda la familia acudíamos a ciertas tiendas de Pamplona para intercambiar tebeos.
Por todo ello, podemos decir que las bibliotecas en los campos de personas refugiadas saharauis son el semillero donde se está cultivando la libertad del pueblo saharaui.





Frederick se inclina ante sus hermanos que le acaban de decir que es un poeta, y responde con una de las mejores frases de la historia de la literatura: “Ya lo sé.” Y es que la ficción es un enorme laboratorio en el que partiendo de lo que somos se experimenta con lo que podemos ser. Mejores. O no. Pero no importa la calificación, lo importante es que los libros, desde los de poesía hasta la más larga novela, nos han ido haciendo como somos, para bien y para mal, de donde se deduce que seremos lo que escribamos. Un poco quijotes, un poco Peter Pan. Acercar los libros a los niños es vestirlos con la bata de la investigación, es ponerles en las manos los tubos y los matraces para buscar en las palabras al hombre nuevo. Si un niño, saharaui o andaluz, palestino o colombiano, se identifica con Frederick, el maravilloso personaje de Leo Lionni y dice un poco sonrojado “Ya lo sé”, aún tenemos esperanza.















Perdón, quería escribir en el título EL LIBRO DE LOS ABRAZOS, pero el duende de las letras se ha puesto a jugar conmigo. Me explico: mientras limpiaba la estantería de los libros, que falta le hacía por cierto, me fijé en que curiosamente tengo este libro de Galeano en medio de otros dos suyos, LOS HIJOS DE LOS DÍAS y SER COMO ELLOS. Pues me parece que me está dando el artículo hecho, me dije, que ese duende juguetón me está obligando a llevar a mi querido uruguayo a cualquiera de nuestras bibliotecas de los campamentos. Ya habló Don Eduardo del Sáhara, de sus muros y de sus injusticias, y sentó cátedra cada vez que lo hizo. Me imagino a ese hombre leyendo un kamishibai en el Bubi de Smara. ¡Qué placer! Su voz, enorme a la par que dulce, se metería a buen seguro en los oídos de las niñas y niños, y de los mayores, quienes escucharían embelesados el cuento de Los tres Mohamed mientras las preciosas ilustraciones irían pasando por el butai acompañando con su cadencia oriental la musicalidad del texto en boca de Galeano.



Siempre necesitamos a alguien que nos empuje hacia delante para que podamos expresar lo que hay dentro de nosotros. Y dentro de cada niño y niña hay un mundo de emociones, deseos y fantasías. Por eso, les he propuesto que escriban, porque a través de la escritura son capaces de expresar lo que sienten, lo que piensan, lo que esperan. Y lo han hecho, han escrito historias sobre su tierra, sobre su orgullo de ser saharauis. Han escrito cuentos que sus madres y abuelas les han contado y cada uno lo ha hecho a su manera, pero todos con entusiasmo. El objetivo de esta propuesta no ha sido otro que el de explorar el pensamiento de los niños, su mundo interior y su forma de expresarlo.







A qué viene esta pseudopsicológica perorata, os preguntaréis. Os explico: el otro día, una buena amiga, y gran trabajadora, del Bubisher nos comentaba que en las fotos con las que se ilustran estos artículos ve pocos chicos jóvenes frecuentando nuestras bibliotecas en los campamentos, que solo aparecen niños y niñas pequeños. Y nos hablaba de ese complejo de la langosta. A mí me vino a la cabeza otro comentario que ya hace tiempo me hizo una joven saharaui afincada en Catalunya y amante también de nuestro proyecto en el que dejaba caer la idea de que los jóvenes, lo mismo en los campamentos que en la diáspora, no le entraban a la idea del Bubiher; vaya, con una preciosa sonrisa y con cierto temor a la crítica, vino a decirme que “el Bubisher era para viejos, que los jóvenes no sabían de sus actividades, que no formaba parte de sus redes”. Y lo decía con la mejor de las intenciones, por supuesto. De hecho, está poniendo todo su empeño en revertir esa situación (gracias, Nuna).











El pasado viernes 15 de marzo, en la Biblioteca Elena Fortún del barrio del Pacifico, se presentó el nuevo libro de poemas de Liman Boisha: «Ya calló la lluvia»; su anterior libro «Ritos de Jaima» ya anunciaba que estabamos ante un gran poeta.
































