Ya casi no me sorprende que, a la hora de hablar del Sáhara, los asistentes a una charla no sepan casi nada sobre el conflicto saharaui. Y no hablo solo de adolescentes, que quizá todavía no han llegado (¡nunca llegan!) a conocer en sus clases de Historia cuáles son los acontecimientos más relevantes del siglo pasado de nuestro país, pasando por la primera dictadura, el golpe de estado, la dictadura que siguió, las colonias españolas en África, los procesos de descolonización… Es que muchos adultos tampoco saben casi nada de lo anterior, ni del abandono del Sáhara Occidental, ni de la Marcha Verde, ni del muro militarizado de 2700 kilómetros que cruza como una cicatriz el oeste de África, ni de las sucesivas resoluciones de la ONU que amparan a los saharauis, ni de las últimas sentencias de la UE en este mismo sentido…
¿Qué miramos, qué vemos y qué no queremos ver? Nos sentamos ante nuestras pantallas o leemos los periódicos deslumbrados por las noticias terribles que llegan de otros lugares. Sí, de cuando en cuando aparecen los congoleños, los kurdos, los palestinos, los sirios, los afganos, los tibetanos… Son muchos los desarraigados del mundo que merecen nuestra atención, nuestro interés y nuestra solidaridad. Pero los saharauis casi nunca aparecen con nitidez ni en nuestras pantallas ni en nuestros periódicos. Desde hace décadas, oscuros intereses políticos y económicos nos deslumbran y ocultan una cruda realidad que no se quiere que recordemos: ciudadanos y descendientes de ciudadanos que un día fueron españoles o fueron colonizados por los españoles, continúan viviendo en un desierto terrible, privados de futuro.
Y, sin embargo, allí siguen. Ancianos, adultos, jóvenes y niños, mujeres y hombres malviviendo en un desierto estéril, sin su costa, sin sus playas, sin sus ciudades, sin sus recursos naturales, sin pasaporte ni apenas identidad… Todo les fue robado un día, hace ya casi cincuenta años, con la complicidad de nuestro silencio y nuestra indolente ignorancia.
Pero están ahí. Siguen ahí. A poco que los mires de frente o que vuelvan su rostro hacia ti verás sus ojos bellísimos, su sonrisa. ¿De verdad no quieres verlos?
Ricardo Gómez









Ricardo Gómez en el IES José María Pereda, Mónica Rodríguez en el IES LA Marina, Gonzalo Moure en el IES Torres Quevedo y Emilio Sánchez en el IES Iturrama, sembraron semillas de empatía con su inigualable manera de contar desde la emoción todo lo que ellos mismos han vivido. Y más que dar respuestas, buscaron laforma de que los chicos y chicas se hicieran preguntas cuando, solos o en grupos, se fueran para casa.

Fue un día inolvidable, que no habría sido posible sin la impecable organización de Alouda Cantabria y de Kabiak Navarra.


A la presentación del proyecto Bubisher le he añadido la foto enviada por Palma para escribir este texto, en la cual aparecen dos chicos saharauis ante una pizarra; en dicha imagen el mayor le ayuda al más pequeño. He mostrado la foto a los asistentes a la charla y les pido que me digan su opinión, lo que les sugiere la misma, lo que les transmite, aunque sea en una sola palabra







Dispersos en los territorios ocupados, en la hammada argelina y en la diáspora hay miembros de una misma familia con pasaporte o DNI español, argelino o apátrida.
Cuando este niño saharaui tenga la mayoría de edad, el señor Trump estará criando malvas y el mundo se habrá sobrepuesto a sus patéticos esfuerzos por evitar lo inevitable: que otros países y otros continentes tomen la delantera sobre la arrogante USA y la decadente Europa. Ahí le tienes sorprendido de la circularidad del disco solar y del volante, de la pizza y de los rizos, de los bigotes de gato y el olfato de ancla y de cómo puede girarlos a su voluntad y dentro de un tiempo a su buen criterio.






Soy Adso de Melk, y estoy aquí sentado, escribiendo, en esta 
Dice el escritor norteamericano, John Updicke, que la lluvia es gracia. Es el cielo que desciende a la tierra. Sin lluvia no habría vida.


Las tradiciones desde la niñez tienen un valor significativo en el desarrollo individual y social de los niños.


Para el Pueblo Sahraui el Bubisher es uno de los mejores proyectos que tenemos, es una verdadera suerte. Gracias a los voluntarios que lo conforman, el proyecto puede seguir adelante. Así los niños pueden seguir teniendo su hogar, sus cuentitos, sus ritos de arena y su nido.










Han nacido a 500 kilómetros de su verdadera tierra, pero han nacido en la que ya es su tierra, la de su generación, como en ella nacieron sus padres. Y cuando ya mayores quieran regresar a la patria de la infancia no pensarán en la Badía o las barcas de Dajla, sino en su campamento, en sus juegos en la hammada, en la amistad que tuvieron con otros dos niños en aquellos años que entonces serán muy lejanos. No tienen la cabeza a pájaros, la tienen a dragones. Eligieron la misma chilaba, no en Zara, sino en el Marsa. Y en el triángulo perfecto de sus cabezas, en sus medias sonrisas y sus seis ojos como faros, está contenido todo el presente y también todo el futuro, todos los futuros posibles. Serán siervos o serán libres; siervos si se resignan a la pétrea inmovilidad, libres si se adentran en los mil caminos de la vida a través del conocimiento, del otro, de lo otro. Guardad esta foto, chavales, porque con los años será el testimonio del instante en el que comenzó todo, o en el que no empezó nada. Ojalá aprendáis de los dragones las alas y el fuego.





