HOMENAJE A PILAR BARDEM

En el marco de FiSahara Madrid, que tomó el relevo al celebrado en Auserd, se rindió un cálido y sentido homenaje a Pilar Bardem. Liman Boisha, poeta y presidente del Bubisher, estuvo allí para recordar a quien fuera una de las grandes luchadoras por la libertad del pueblo saharaui.

Estas fueron sus palabras:

Ni en los momentos más delicados de su salud, cuando dependía de una botella de oxígeno portátil, olvidó Pilar Bardem su compromiso de solidaridad con mi pueblo, el pueblo saharaui. ¡Cuánta generosidad y amor!

Y el amor era y es correspondido.  

Por eso, cuando los organizadores del FISAHARA contactaron conmigo para participar en este homenaje, me pareció más aún que un honor, una enorme responsabilidad: el reto de corresponder con palabras a lo que durante su vida fue el lenguaje de los gestos, a su reconfortante presencia a nuestro lado, siempre a nuestro lado, como al de tantas causas justas.

Confesaré algo, no sin cierto rubor: aunque tenía algunos conocimientos sobre su trayectoria profesional como actriz, y sabía de sus luchas por dignificar el oficio de los trabajadores de la cultura de este país, necesitaba saber más sobre ella. Quería leer su voz y leer también en el silencio de su voz, en la tierna hondura de sus gestos. Empaparme de lo que fue su vida. Sentirla aún más cerca para tenerla aquí, a mi lado, en este instante. Así que fui a la biblioteca pública de mi barrio, para poder leer su autobiografía. Aunque sabía de su existencia, nunca la había leído.

Para mi sorpresa, no encontré el libro. Había biografías de todo tipo de personajes. Muchos de ellos nunca habían estado en Madrid ni en España. ¿Por qué no estaba la autobiografía de Pilar Bardem? Me lo pregunté perplejo, en medio de aquel silencio, tan físico como metafórico. La voz de un obeso e ilustre conservador inglés, me pareció decir desde la portada de su biografía: “Los conservadores de ayer y de hoy somos muy apreciados por las autoridades de Madrid”.

¿Cómo era posible que una mujer tan extraordinaria, con un talento tan grande y reconocido, que ha dado tanto a Madrid y a España, no estuviera entre tantas vidas escritas? ¿Por qué su libro de memorias no estaba en mi biblioteca? Una biblioteca tiene que ser nuestra, de todos. Una biblioteca de parte es una biblioteca rota.

Y desde el estante vacío escuché la voz de Pilar respondiendo: «Ellos nos prefieren dóciles, manejables y poco formados. Les dan miedo los ciudadanos con sentimiento crítico, los discrepantes, los transgresores, los independientes. Anhelan pastorear conciencias adormecidas. Les gustamos más en el plano ovino, que en el rabiosamente humano”.

En mi biblioteca de la Comunidad de Madrid no encontré la biografía de Pilar Bardem, no, pero me consolé llevando el único que había de su hijo Carlos: Mongo Blanco, una novela impresionante, por cierto.

Por fin, la autobiografía de Pilar Bardem me la prestó un amigo, lector voraz. Con qué cariño y delicadeza había cuidado aquel ejemplar de una segunda edición de mayo de 2005. Lo había forrado con papel y encima del papel blanco reposaban ocho letras grandes y rojas, escritas con decisión y orgullo: La Bardem.

“Mientras ellos me amen, yo seguiré existiendo”, dijo en referencia a sus hijos.

Sí, sin duda estarás en el corazón de tus hijos. Y en el de todo el pueblo saharaui.

Siempre.

Por ti y para ti, este poema que encierra el deseo de quienes tanto aprendimos de ti y jamás te olvidaremos.

Querida Pilar:

podrán impedir que tu nombre ilumine una calle,

podrán, incluso,

quemar en la hoguera de sus despachos

(públicos o privados),

tus películas o tus memorias.

 

Pero Pilar, querida amiga,

callar tu voz, eso nunca.

Borrar tu ejemplo, jamás.

 

Cuando por fin

nuestra tierra sea libre,

habrá una calle o una plaza,

puede que humilde y pequeña,

con tu nombre.

O un teatro en el corazón del desierto,

o una biblioteca llena de niños

que siempre tendrán tu nombre

en el zurrón de sus primeros sueños.

 

La cabeza siempre erguida,

así camina mi pueblo,

como tú enseñaste al tuyo y al nuestro,

Pilar:

Hoy y cada día.

La mirada siempre en alto.

Liman Boisha      

 

 

 

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