
A través de nuestro querido Emilio, he participado en una mesa redonda organizada por SEDIC (Sociedad Española de Documentación e Información Científica) en la Biblioteca Nacional. Nos reuníamos bajo el título “Al rescate de la memoria: archivos y bibliotecas frente a conflictos, emergencia humanitarias y catástrofes naturales”. A mi lado estaba Ainoa, de Alouda Cantabria, que expuso el enorme trabajo realizado por nuestros compañeros cántabros rescatando del olvido miles de fotografías donados por entidades y particulares, y que fueron entregadas a los saharauis como parte de su historia.
Aunque la sesión no estaba dedicada al Bubisher, ni exclusivamente al Sáhara, este ocupó buena parte de parte de las intervenciones. Aclaré desde el principio que nuestro fin no es rescatar documentos ni archivos, pero sí la memoria viva de ancianos, jóvenes y niñas, proporcionándolos no solo libros, sino espacios de encuentro y debate, conciencia, formación y la posibilidad de ser autores de sus propias historias, capacitándolos para leer y escribir y, en definitiva, de ser en parte dueños de su futuro. Eso, más la inapreciable posibilidad de publicar libros sobre el Sáhara, y de niños y poetas saharauis.
Una vez más, hubo ocasión de hablar en voz alta (en directo y por streaming), de la tremenda injusticia que supone la existencia de un pueblo desgajado entre unos territorios ocupados sujetos a la vigilancia y el terror, más tantos miles de hombres mujeres y niños condenados a vivir en un desierto infame, más otros miles de saharauis que viven expatriados, lejos de sus familias a uno y a otro lado del muro que, recordemos una vez más, es el más largo de los muros militares del mundo, en el que se calcula que hay siete millones de minas.
Desconozco cuántos de los oyentes, en directo y en diferido, adquirieron una pizca más de conciencia respecto de este sufrimiento prolongado más de cincuenta años. Ignoro si algunos permanecerán más atentos cuando los periódicos, la radio a la televisión hablen del Sáhara. Por desgracia, el mundo vive una situación desastrosa y parece que los humanos no somos capaces de digerir en misma comida platos tan amargos como los Palestina, Siria, Yemen, Irán, Ucrania… ¡Pero no podemos olvidar hablar del Sáhara!
Ricardo Gómez






