
Las casualidades de la vida te llevan a lugares que nunca pensaste pisar, a historias que no conocías porque en el colegio nadie te habló de ellas y porque, incluso hoy, siguen sin contarse. Sin embargo, la vida, sabia y generosa, te pone en el camino a personas que yo llamo “soles de la vida”, que las quieres siempre tener en tu vida, como Emilio y Pai.
En Navidad, jugando con Gabarrín, Emilio me cuenta que en Semana Santa viajará a Argelia para visitar las bibliotecas Bubisher, creadas para los niños y niñas de los Campamentos Saharauis. Y así, casi sin darme cuenta, me veo hoy aquí, contando mi experiencia.
El miedo a lo desconocido fue creciendo en el trayecto de los meses, de enero a marzo. Pero una vez allí, todo ese temor se deshizo, porque mi experiencia fue profundamente maravillosa. Descubrí el amor en su forma más bella, en los abrazos sinceros de los niños en las bibliotecas, en las risas compartidas, en su generosidad. Las historias de las familias que acudían a visitar a los niños eran impresionantes, duras, pero también llenas de esperanza, semillas de un futuro mejor.
Yo pensaba que llevaba algo especial para ellos, mis títeres de calcetines, como si fueran un regalo extraordinario. Pero pronto me quedé conmovida al comprender que era yo quien estaba recibiendo infinitamente más de lo que había llevado. Allí entendí que cuando viajas con la intención de dar, regresas con el corazón lleno, con aprendizajes, con amor, con una mirada distinta del mundo. Te traes mucho más de lo que dejas.
Entre los muchos pequeños que conocimos, recuerdo que el primer día aparecieron dos niñas maravillosas que me robaron el alma, y el destino quiso que fueran también las dos últimas que vi antes de marcharme. Un círculo perfecto, como si la experiencia se cerrara suavemente, pero dejara la puerta abierta.


Después de estas reflexiones, solo espero que los títeres que ellos mismos crearon se conviertan en una semilla, en un juguete vivo que les permita expresar lo que sienten, hablar entre ellos y recordar que estas marionetas Bubisher, siempre estarán a su lado. Que esos títeres que se quedan allí sean también un símbolo de esperanza, como pequeñas voces saharauis que conectan con voces españolas y del mundo entero, para no olvidar su situación y para seguir avanzando, desde el amor y la cultura.
Malena Gil






