El día de la partida se acercaba. Nervios, incertidumbre y un poco de miedo ante lo desconocido iban creciendo en mi interior. Bubisher me daba la oportunidad de trabajar durante unos días en la biblioteca de Smara. Me sentía feliz, pero he de reconocer que las dudas sobre si mi labor estaría a la altura ocupaban constantemente mi pensamiento. Esto me llevaba a repensar las actividades que iba a realizar, incorporando nuevos materiales, descartando los que no veía convenientes, pidiendo consejo a las personas de mi entorno y, en cierta manera, haciéndolos a todos participes de mi viaje a Smara. Sin darme cuenta, el viaje había comenzado semanas antes de subirme al avión.
Todos los nervios se desvanecen en el momento de la llegada. De alguna manera, la wilaya te abraza nada más posar tus pies sobre la arena. Sientes que nada es como te habías imaginado y estás preparado para dejarte sorprender.
Brahim, Madja y Kabara, los grandes profesionales que dan vida al nido de Smara, me reciben con mucho cariño. Intercambiamos experiencias, me hablan sobre la vida en la wilaya, el funcionamiento del Bubisher, la cultura del pueblo saharaui, los niños y niñas que diariamente visitan la biblioteca e iniciamos interesantes conversaciones que continuaríamos los días posteriores disfrutando de un buen té. Tan solo unas horas después ya me siento como uno más del equipo.
Cada mañana recorro con Brahim los colegios repartidos por las dairas. Allí trabajamos con niños y niñas de diferentes edades. Tratamos de proponer juegos y actividades que despierten en ellos el amor por las palabras y la inquietud por descubrir el mundo que les espera entre las estanterías de la biblioteca. Responden con sonrisas y muestran las ganas de aprender que todos los niños y niñas llevan dentro. Todo se hace sencillo, los profesores y profesoras nos ofrecen toda su ayuda, mis compañeros del Bubisher participan en las actividades con entusiasmo y salen en mi ayuda en los momentos en que el idioma no me permite transmitir el mensaje que quiero compartir. Los niños y niñas disfrutan y aprenden, devolviéndome mucho más de lo que yo puedo ofrecerles.
Las tardes en la biblioteca son toda una aventura. Niños y niñas de todas las edades entran y salen, todos quieren participar y responden con una sonrisa a las actividades que proponemos. Nos planteamos la idea de crear una obra de teatro para participar en un certamen que se celebrará tres días después. Sin pensarlo nos ponemos manos a la obra. Brahim organiza los textos y comienza a ensayar con los pequeños actores. Madja y yo reunimos a otro grupo de niños y comenzamos a elaborar los títeres y el atrezzo para la obra. A pesar del poco tiempo que tenemos el resultado es realmente bueno, fruto de la implicación y el esfuerzo de todos los participantes.
Los días pasan rápido. El miedo del primer día se ha transformado en una energía que me carga de vitalidad y me hace disfrutar de cada día con intensidad.
Llega el momento de regresar. La despedida se hace dura. Ni siquiera un adiós, tan solo un hasta pronto es lo que puedo decirles a todas las personas que he conocido estos días. En una semana he podido compartir infinidad de experiencias inolvidables con todos los amigos y amigas que me han abierto las puertas de su hogar y de su corazón. Mi más sincero agradecimiento al pueblo saharaui por su hospitalidad, cariño y gratitud. Especialmente a todo el equipo de Bubisher que me ha hecho sentir como uno más de la familia y me han permitido participar en este maravilloso proyecto. También a Palma por ofrecerme todo su apoyo y cariño para que esto se hiciera realidad y a Gonzalo que me permitió conectar con el proyecto Bubisher y me animó a participar en él.
Gracias a todos ellos puede decir con orgullo que me siento parte de la familia de Bubisher.
Un abrazo muy fuerte amigos y amigas.









22 abril, 2018 en 2018-04-22T21:35:00+00:000000000030201804
Qué grande eres Sergio.
Ojalá hubiera más personas como tú, que eres capaz de convertir el mundo en un lugar mejor.