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Recuerdo perfectamente el día, hace casi cuatro años. Estaba sentada en el mismo lugar que ahora, preguntándome: ¿Cómo? Diciéndome: No seré capaz. Comenzaba a trabajar en un proyecto construído con pilares de algodón de azúcar. í‰ramos pocos, apenas un par. Saqué fuerzas de donde se almacenan los sentimientos y me tiré a la piscina creyendo que no tendría agua. Ese día no sabía lo equivocada que estaba.
Me agarré a una mano, la primera mano, la mano fuerte que parecía poder con todo. Y luego a otra que me dio seguridad, y a otra que me dio calidez, y a otra que me dio confianza, y a otra que me dio ánimo, y a otra que me dio fuerza, y a otra que me dio herramientas, y a otra y a otra y a otra…
Y del círculo de confianza salió esto que veis.
Necesitamos más manos que se unan a la cadena, y dinero, también, que sin el poderoso caballero ni mano ni ná, ya sabéis.
Aquí en la web a la derecha, hay un banner para donar mediante paypal, y también en el nº de cuenta de La Caixa Asociación «Escritores por el Sáhara-Bubisherâ€
2100 3897 84 0200088962 (Concepto: Bubisher)
Seguimos, MANO CON MANO, aunque sangren los callos.
Gracias a tod@s los que hacéis posible el vuelo del Bubisher.







15 noviembre, 2011 en 2011-11-15T21:50:00+00:000000000030201111
A ti, gracias. Por todo el tiempo, por cada acierto, por las manos compartidas y fuertemente agarradas en los momentos difíciles, por las alegrías, por las palabras, por los miedos vencidos, por estar a las duras y a las maduras. Por ser las dos primeras manos que se unieron a las dos primeras manos y por seguir teniendo las cuatro enlazadas, primer eslabón de una ya larga cadena que, lejos de amarrar, lucha por la libertad.
16 noviembre, 2011 en 2011-11-16T08:20:00+00:000000000030201111
Es verdad, Luisa: mano con mano, una cadena que ya es muy larga. Y más que tiene que ser. En estos tiempos de crisis, cuando más normal es mirar al propio ombligo, es cuando más nos tenemos que esforzar en encontrar más manos. Y la clave es que cada mano que se sume sienta que es tan importante como la nuestra. Hasta el más pequeño gesto es importante. Ya lo dijo Cortázar: todos los fuegos el fuego.Â