
Pocos sabios en el mundo han estudiado tanto el soneto como Carlo Frabetti.
Pocos sabios en el mundo han estudiado tanto los números primos como Carlo Frabetti.
Así que estudiando esta fotografía y el título de la novela “La soledad de los números primos”, del también italiano Paolo Giordano, no puede venir a la mente otro que no sea Carlo Frabetti.
¿Por qué un soneto? No lo sé, tal vez porque a veces la imagen rima con las emociones, y si miras la fotografía sientes que algo cuadra, matemáticamente, en tu mente. Y no hay mayor cuadratura en la literatura que el soneto, del que Frabetti dice que es finito, porque finitas son sus posibles rimas, y que por eso el soneto murió de éxito. Lope de Vega escribió tres mil, seguramente para agotarlas y enterrar al soneto en el panteón de los muertos ilustres.
Así que me dije: vale, un soneto.
Por ejemplo, este:
LA SOLEDAD DE LOS NÚMEROS PRIMOS
En la inmensa extensión de la hamada,
una niña camina en el olvido;
es un número primo desprendido,
divisible por uno y por la nada.
Busca una cifra igual, tan anhelada,
en el desierto estéril y encendido,
pero el silencio del espacio herido
la deja a su distancia confinada.
No hay desamparo en esta roca fría:
la hamada, como el orden de la ciencia,
le ofrece una secreta alegría.
Paradoja sutil de su existencia:
al saberse tan sola en compañía,
descubre en sí su propia resonancia.
Es bueno, no lo niegues. Tiene esa cadencia perfecta que convierte al soneto, no sé quién lo decía, en una representación de la vida.
Pero aquí viene lo bueno. No lo escribí yo, ni tampoco Carlo. Ni mucho menos Lope, que no llegó a tiempo de ser bubishero.
¿Sabes quién lo escribió? Sí, tal vez ya lo sospechas. Sí, la Inteligencia Artificial. En dos segundos, ni uno más. Se lo encargué como un juego y me quemó como un fuego.
Dos segundos, pero ¿cuánta energía, cuánta agua consumida para no hacer más, ni un átomo más de lo que ya hicieron Lope, Boscán y Garcilaso, y el primero Giacomo de Lentini?
La IA no nos da. Nos vomita lo que nos ha robado. Y en el rumbo secreto de los pasos de esa forma femenina por la soledad de la hamada hay un misterio que jamás nos podrá robar, porque es humano.
Gonzalo Moure






