
Me gustaría que, cuando alguien vea una imagen como esta en los campamentos de refugiados saharauis —una sala llena de público, luminosa y funcional—, piense automáticamente en los centros culturales del Bubisher. Creo que todos nuestros centros son así y transmiten esa sensación: espacios diáfanos, serenos y luminosos, en los que cualquier charla es bienvenida y donde las personas encuentran todos los recursos necesarios para presentar sus conferencias en las mejores condiciones posibles. Aquí tenemos sillas, mesas, luz eléctrica y una enorme pantalla donde proyectar el contenido.
Por un momento uno puede pensar que no está en un campo de refugiados, pero lo está. Al ver esta imagen, se percibe el esfuerzo de muchas personas: tanto del personal trabajador saharaui como del voluntariado de otras partes del mundo. Ese esfuerzo y esa solidaridad son los que llenan este sitio de dignidad.
Las mujeres saharauis presentes en esta conferencia sobre la detección precoz del cáncer de mama están recibiendo contenidos actuales y rigurosos a través de las mejores herramientas. No hace muchos años esto era impensable; la mayoría de las mujeres morían sin haber sido, siquiera, diagnosticadas. Ni siquiera soñaban con acceder a un diagnóstico clínico, y mucho menos con participar en una campaña de prevención y sensibilización.
Sigue habiendo muchas carencias en nuestros servicios de sanidad, pero cualquier iniciativa como esta, llevada a cabo por una asociación de médicos saharauis en colaboración con nuestras autoridades y el proyecto Bubisher, es más que bienvenida.
Se observa a una mujer entre el público sosteniendo un teléfono móvil para tomar una foto o grabar la presentación, lo que indica interés en el contenido; quizás esté grabando la charla para difundirla por las redes sociales a otras mujeres que no han podido asistir.
Ojalá haya más iniciativas como esta, por y para las saharauis de todas las generaciones (las pasadas y las presentes), que tanto trabajo han hecho y siguen haciendo desde que se levantó la primera jaima en el exilio de la hamada. Porque, como dice el proverbio: «La jaima no la sostienen los palos, sino las personas que la habitan».
Liman Boisha






