Un buen día, no hace mucho, Julián llegó a los campamentos con su carga de habichuelas y cual Flautista de Smara, atrajo la atención de todos los niños que, curiosos, observaban como dentro de unos tarros con algodón humedecido iba metiendo, con mucho cuidado y mucha concentración, las habichuelas.
Después les dio a cada niño su tarrito, en el que pegaron una etiqueta con su nombre y la fecha de la “plantación”, y todos lo han dejado en la biblioteca con el compromiso de ir cada día a regar y a observar como crecen.
Con esta actividad Julián ha conseguido despertar el interés de los niños por la naturaleza y el compromiso de cuidar y proteger las plantas . Además, seguro que algún niño sueña que también sus habichuelas son mágicas.
Yo, que fui testigo de todo el proceso, puedo asegurar que los niños estaban fascinados y que todos lo pasamos maravillosamente bien
Madja







