
Ese dedo es la antena sofisticada que lleva la información del mundo real a las mentes juveniles y alegres de estas dos niñas saharauis en una de las bibliotecas Bubisher.
Sólo por ser niñas se merecen -como todos los niños y niñas del mundo- el sosiego de un patio, la escueta sombra de una moringa cuidada con mimo en el jardincillo de una biblioteca, la compañía de una amiga que lo sea para toda la vida.
Y que de vez en cuando, como por ensalmo, aparezca salida de no se sabe dónde, una mariposa de los cardos que se pose sobre los arbustos o quién sabe si sobre uno de esos dedos inquisitivos y ávidos de aprender.
Emilio Sánchez






