VUELA, BUBISHER, QUE YO TE VEA.

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Bonito estandarte este con el bubisher surcando el blanco del cielo. Su belleza se ve magníficamente acompañada por la sonrisa de las niñas que lo portan.

Niñas y pájaro vuelan alegres y seguras por igual. Niñas y pájaro sonríen risueñas, confiadas en su futuro.

Las niñas no han cumplido muchos años aun; el pajarillo, en cambio, ya es mayor de edad, se le nota en lo firme de su vuelo, en lo fuerte de sus alas y en lo fijo de su mirada, como si tuviese muy claro que sigue siendo necesario en los campamentos, que tiene que seguir aportando luz a esas sonrisas en el futuro.

Los antiguos griegos y romanos buscaban designios celestes en el vuelo de los pájaros, ornitomancia lo llamaban, y querían adivinar con ella el futuro, si les iba a ser fasto o nefasto. Eran muy amigos de los AUgurios los antiguos; los saharauis de los campamentos, por desgracia, no suelen contemplar muchas aves en su limpio cielo, pero con el bubisher lo tienen claro, en cuanto aparece sobre sus jaimas saben que es portador de buenas nuevas. Además, desde hace ya tiempo, se le puede ver sobrevolar sobre cada uno de los cinco nidos que ha construido con tanto esfuerzo como mimo, protegiendo a todos sus polluelos que acuden alegres y ansiosos de nuevas emociones cada día.

Aunque hay algunos empeñados en cortarle las alas, nosotros seguiremos volando con él como el jilguero de Neruda que pasaba entre los álamos como un pequeño dios amarillo. El bubisher de estas dos niñas actúa como el ave del poema del chileno: “por eso vuelvo y me voy, vuelo y no vuelo pero canto: soy el pájaro furioso de la tempestad tranquila”.

Javier Bonet

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