Ayer, en el aeropuerto de Valencia, con unos “insportables 32 grados”, leí la nota en el blog, “No es humano”, con las terribles condiciones de los campamentos, donde el termómetro llegó a los 60 grados. A esa temperatura, muchos ancianos y recién nacidos habrán muerto, estarán muriendo. ¿De verdad tiene sentido seguir con nuestras bibliotecas, con el Bubisher? Dan ganas de dejarlo todo y de dedicarse a mover tierra y cielo para que el terrible exilio, 42 años, se acabe de una vez. Los saharauis pertenecen a una tierra seca y cálida, sí, pero cerca del mar, humana y fértil. La hamada argelina es el infierno, sin más, y nadie merece vivir en el infierno, ni siquiera los escorpiones. Pero luego tratas de pensar despacio, y te dices: sí, mientras vivan allí, hay que seguir construyendo bibliotecas, llenándolas de cariño, de actividades, dejando que sean los propios saharauis los que lleven a sus niños y jóvenes a replantearse todo. A buscar su camino, sea el que sea. Porque no otra cosa es la cultura que eso: la capacidad de decidir por uno mismo, conociendo el mundo, qué es, cómo es, por injusto que sea.
Me conformo con saber que gracias a Mar Benegas, que me invitó, sembramos casi cien ejemplares de “El niño de luz de plata” en casi cien mochilas. Y que de ellos nacerán actividades en muchos centros, de Valencia y más allá, para seguir haciendo posible el Bubisher, aunque sea en una tierra imposible. Me siento mal, me siento enfermo de asco y de rabia. Pero como dice Nuno Marçal, resistiremos, insistiremos, y nunca nos rendiremos. En este momento, creo que no hay otra salida que esa: adelante.








21 julio, 2018 en 2018-07-21T14:30:22+00:000000002231201807
Tanto qué aprender de ustedes. Te leo y retomo fuerza para continuar en mis humildes proyectos. Un abrazo muy grande y gracias por todo lo que nos aportas como escritor y ser humano.
23 julio, 2018 en 2018-07-23T01:44:29+00:000000002931201807
No dudes, Gonzalo que hay que seguir sembrando la cultura para que esos niños se vayan formando y puedan, cuando crezcan, ayudar a otros niños.
Un fuerte abrazo y piensa en todo el bien que les haces abriendo caminos.