
Hace muy pocos días los niños del norte desenvolvían cientos, miles de paquetes que contenían juguetes de lo más sofisticado. Juguetes que muchas veces quedan arrinconados, que, de tan perfectos, solo permiten que sus dueños interactúen contemplando y no haciendo.
En los campamentos los niños se construyen sus propios juguetes y lo pasan en grande imaginando, buscando la forma de dar forma a un coche con alambres, a unos zancos con latas, a una máquina de tren con cartones de leche y zumo o a un avión con botellas de plástico. Reciclan y juegan, juegan y crean. Se divierten creando y nos dan una gran lección: Consumo frente a imaginación. Espectadores frente a actores.



En la biblioteca de Auserd se puede ver estos días una exposición de todos estos juguetes creados por los pequeños lectores que, cada día, acuden a ella con ganas de aprender, de soñar, de crear.






