MIS LABIOS Y TU BOCA

El otro día, de charla con un joven saharaui en los campamentos, me comentaba con tristeza el caso de un conocido suyo que eligió intentar entrar en España en patera viendo lo imposible de acceder a través de conductos legales, y mientras se llenaba su rostro de tristeza, me venía a la mente un artículo que escribí hace más de veinte años sobre el tema. Los diablos de la informática han querido traérmelo durante una limpieza de archivos en mi ordenador. ¿Casualidades? Quiero compartirlo con vosotros, a ver si las cosas han cambiado mucho, poco o nada desde entonces.

Un beso,
solamente un beso
separa
la boca de África
de los labios de Europa

Liman Boisha

Estas palabras de un amigo poeta saharaui me retumban en la cabeza cuando escucho las noticias de televisión que hablan un día sí y otro también de pateras hundidas y africanos ahogados en nuestras costas.
¡Qué estrecha es nuestra Europa!, no se deja besar. Cuando la boca de África se quiere acercar a nuestros labios, previamente endulzados por esos paraísos que las ondas envían hacia el sur, damos un paso atrás, como una chica timorata en los viejos guateques.
Claro, ya no nos acordamos de cuando éramos nosotros los que queríamos conquistar, nuestros labios buscaban la boca de África: ansiosos, enamoradísimos de su belleza, no nos conformábamos con robarle unos cuantos besos, ¡que va!, nos la comimos a mordiscos de codicia, le lanzamos dentelladas de injusticias y atrocidades. Y a eso los españoles, los franceses, los ingleses y demás europeos lo llamamos colonización; como recuerdo les dejamos en su boca nuestra mancha de carmín de progreso y civilización.
Y de América, ni hablemos, allí pasamos de preliminares amorosos, nada de besitos, fue una violación en toda regla; eso sí, luego nos confesábamos y todos al cielo, al cielo europeo, blanco, claro.
Y ahora nos hacemos los estrechos porque los africanos en pateras y los americanos en “barajas”, como espermatozoides nadando en proceloso mar, intentan llegar a nuestro óvulo, ni siquiera quieren fecundarlo, solo llegar.

¡Pues que nos jodan!, nos lo tenemos bien merecido.

Javier Bonet

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