MEDIO SIGLO

El beduino dice que el camello vive 33 años, 3 meses, 3 semanas y 3 días, a no ser que un cuchillo le corte el cuello antes. Si llega a vivir 33 años, 3 meses, 3 semanas y 3 días, el camello ese día irá al desierto pero no volverá. El deyar, buscador de camellos, reconoce rastros que nosotros ni sospechamos y los seguirá hasta encontrar al camello, quizás echado a la sombra de una acacia, aunque ya nunca se volverá a poner en pie, porque el viejo camello ha vivido ya 33 años, 3 meses, 3 semanas y 3 días.
Se cumple este 27 de febrero el 50 aniversario de la creación de la RASD, República Árabe Saharaui Democrática. Tal vez la redondez de la fecha no representa la verdadera dimensión que esconden estos 50 años: decir “medio siglo” es más fácil que decir 1500 meses, 2700 semanas o 18250 días con sus noches de lucha y resistencia.
La importancia simbólica del aniversario conlleva una carga épica, casi romántica, que no debiera, empero, distraernos de la grave situación que padece el pueblo saharaui. Por el contrario, esta fecha tan señalada debe ser un acicate para renovar esfuerzos y conseguir el ejercicio del derecho de autodeterminación del pueblo saharaui en pos de la deseada independencia, dado que la propuesta marroquí auspiciada por Trump sobre un plan de autonomía es rechazado por los y las saharauis.
El beduino no quiere ni oír hablar de autonomía: el nació saharaui, es saharaui y morirá saharaui, no marroquí. Ahora ya no puede andar con sus camellos por las zonas liberadas, porque los drones marroquis atacan a todo lo que se mueve. Ha tenido que llevar su haima al este, hacia los campamentos de refugiados. Ha tenido que adaptarse a vivir de esta manera sedentaria y a esperar, aunque sin perder la esperanza de poder volver un día a su tierra, el Sahara Occidental. _Quousque tandem?_
Josu Jimenez Maia, escritor

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