
La lectura, normalmente, se hace en voz baja, incluso en silencio. Entonces, el lector se escucha a sí mismo, en lo íntimo, a la vez que escucha a otro, que le habla callado. Pero también la lectura se hace en voz alta, incluso ante unos oyentes, cada uno de los cuales escucha lo que oye, según su saber y entender, o según su interés, o según su potencial de invención y fantasía. De esto último, sobre todo, hay mucho en los entresijos por los que circula la imaginación de quienes componen la escena, que muestra la fotografía.
El escenario es un espacio de una biblioteca Bubisher. Es sabido que una biblioteca es una suerte de templo para el encuentro en torno a la palabra, escrita o hablada, que no solo de lectura vive la palabra, que primero fue hablada, y donde la bibliotecaria es la sacerdotisa (en las bibliotecas Bubisher son bibliotecarias las que orientan sus actos y actuaciones). El escenario, que vemos los espectadores, es una capilla de un templo bibliotecario Bubisher. El decorado del escenario, exento de todo objeto, lo componen los grupos de palabras que decoran las paredes, y que hablan de la necesidad de las bibliotecas, del valor de los libros, de las enseñanzas de los relatosde los beneficios de la lectura, sobre lo que se ha escrito mucho.
Y ese es el papel que representa el protagonista de la función, un jovencito que oficia el rito de la lectura en voz alta, que no es cometido de fácil ejecución, frente a un grupo de oyentes que, a modo de coro, representan distintas actitudes, desde la atención hasta la aparente distracción: pero, ¿habrá quien se haya identificado con algún personaje del relato escuchado?, ¿habrá quien se haya trasladado a lugares desconocidos, sin moverse del sitio?, ¿habrá quien se sienta un poquito más libre en el encierro?, ¿habrá quien haya incrementado su gusto por la lectura?, ¿habrá quien haya sentido una emoción nueva?, ¿habrá quien se haya sentido protagonista?…¿habrá quien, simplemente, haya disfrutado?
Las respuestas a estas preguntas, y a otras, habrán sido el contenido del coloquio mantenido al finalizar la función, moderado por la bibliotecaria, durante el que cada quien habrá expresado, e intercambiado, lo que ha supuesto haber asistido a la representación de una lectura en voz alta. Pero del coloquio no hay constancia gráfica.
Fernando Llorente






