LECHE

Las letras bailan por el aire cuando salen de nuestras bocas. Por separado flotan como un soplo que a veces quiere decir algo: sorpresa, auxilio, dolor, miedo o risa. Así, la fuerza y el tono del sonido se transforma en voz para expresar más de lo que por sí sola quiera decir la letra que flota. Pero cuando se juntan se convierten en palabras que significan cosas. Los sonidos se articulan de manera que, al juntarse, dicen al aire lo que hemos querido decir al soltarlo por la boca. A veces, incluso dicen más -o menos- de lo que nos propusimos decir. Y quien escucha los sonidos articulados que forman las palabras a veces también entienden más o menos de lo que quisimos decir. Es la magia del habla.
La misma magia de la lectura que esta niña va descubriendo en las bibliotecas Bubisher. Por el encerado bailan desordenadas las letras. Cada una está esperando que la niña elija la que corresponde para formar la palabra que desea escribir. Como la palabra LECHE, que encierra la sorpresa de tener cinco letras para cuatro sonidos. Dos grafemas representan un fonema, dirían las maestras. Pura magia. Pero lo verdaderamente mágico es que al leer la palabra LECHE se te llena la boca de leche, de ese primer alimento cálido y dulce que, aunque se te haya olvidado, siempre recuerdas; de ese líquido blanco que, como un milagro, todos los días nos dan las cabras del Sáhara.
Marcelo Matas de Álvaro

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