ELOGIO DE LAS MANOS

Desde que leí el libro de Jesús Carrasco «Elogio de las manos» (Seix Barral 2024), donde plantea una metáfora sobre la vida, el trabajo manual, la resistencia, destacando lo cotidiano, lo sencillo y después de un posterior encuentro con el autor, me vienen a la memoria situaciones relacionadas con el título.

Empezaron a llegar a mi memoria retazos de otras manos, que no por ser más lejanas, me producían menos admiración:

Recordaba las manos del primo de Fadala, capaces de poner en marcha ese vetusto Land Rover que aún circula por la hamada, o aquellas manos rápidas del zapatero del bazar de Smara, que en un momento reparó la suela del deportivo aparentemente inservible, o aquellas otras bellísimas decoradas con henna que Fadala, junto con sus amigas, habían decorado tan bellamente para celebrar la boda de la amiga. También recuerdo a su hermana mayor con sus manos enguantadas para protegerlas del sol y de la fuerza del siroco.

Eran las alargadas manos de la hermana mediana, que tan delicadamente acariciaban, cocinaban, cuidaban de los animales o pasaban las hojas del Corán, las que aún recuerdo voloteando como alas de mariposas en el desierto. Veo las manos de la hermana pequeña, que cuidaban la casa con tanto esmero, con tanta dignidad; aun pensando que sería por un periodo corto de tiempo, pues la arena no daría tregua.

Recuerdo aquellas otras manos de la vecina que, a la puerta de la jaima, tejían con pobres materiales esas cestas que le serían tan útiles.

También las manos de la prima pequeña, pasando lentamente las páginas del libro en la biblioteca del pájaro del desierto, con tanto entusiasmo y tanto asombro.

Me acuerdo de esas otras manos colectivas, de mujeres, que juntas zurcían la jaima destrozada por el sol, la arena, las agresivas lluvias y el viento. Manos fuertes, empeñadas en mejorar y mantener a un pueblo.

Y también elogiar a esas otras manos que han construido cinco bibliotecas Bubisher en los cinco campamentos.Manos de bibliotecarias y cuidadores de jardines del desierto.

Hoy esas manos no se permiten el desaliento. Son el futuro, serán capaces de crear en otro lugar ese país tan añorado, más generoso y menos adverso, donde impere la justicia. Su sueño se hará realidad; porque es su derecho.

Un derecho que nadie puede negar (B. W.).

Unamos nuestras manos a sus manos para que impere la justicia.

!!! Viva el Sáhara libre!!!

M. J. Irigaray

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