EL MISTERIO DE LA POESÍA

Se llama Mohamed Moulud, es muy joven, apenas 20 años, pero irradia madurez y sensibilidad. Llegó al Bubisher como lector primero, como voluntario después y, por fin, como monitor. No se considera un poeta, pero ama la poesía y trasmite ese amor por las palabras que, como decía Federico García Lorca, al unirse en un poema forman algo así como un misterio. Y es esa fusión de palabras que se juntan en el centro del universo del poeta, y que producen en el lector una especie de latigazo íntimo, lo que Mohamed quiere que descubran los niños y niñas que se reúnen en la biblioteca de Smara, una vez a la semana, para leer en árabe a sus poetas, para comprender lo que esconden los versos escritos en español, para crear sus propias poesías, sencillas, infantiles, pero con una carga emocional intensa.

Para Mohamed Moulud y sus niños, el taller de poesía supone enseñar y aprender, descubrir las palabras más allá de su significado académico, disfrutar de la capacidad de crear y acercarse al misterio que encierra cada poema.

Sin duda, y como escribió el gran poeta Gabriel Celaya, la poesía es un arma cargada de futuro. Un futuro de libertad para los niños saharauis. Un futuro con futuro para Mohamed Moulud.

Una respuesta a EL MISTERIO DE LA POESÍA

  1. Me gusta Mohamed Moulud que te conviertas en canal de transmisión de la belleza que siempre espera a gente como tú. Se me ha despertado

    Se me ha despertado el tiempo de ser poeta,
    de encontrar tirabuzones suspendidos en el aire,
    invisibles y reales esperando el encuentro.

    Y he notado la sensación de rozarlos, de sentirlos
    impregnados de un algo deslizante, como los peces.

    He tardado, el tiempo que se tarda en aprender,
    a saber el lugar incierto en el que se encuentran,
    pueden aparecer en cualquiera, primero tenues,
    después poderosos y brillantes, dóciles o insumisos.

    Y ahora, en el contacto, ya sé cómo cogerlos
    desde la punta, siguiendo el rizo, a la escucha,
    acompañando en cada vuelta su trazado
    con suavidad, para evitar que se sienta violentado
    y así acabar descifrando el mensaje que me dicta.

    He despertado al tacto de los rizos colgantes,
    convertidos en poesía, y he aprendido a atraparlos.

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