
No dejes de creer que las palabras y las poesías sí pueden cambiar el mundo (Walt Whitman)
En este día en el que la poesía llena aulas, bibliotecas, blogs, paredes y folios, queremos rendir un pequeño homenaje a los grandes Poetas Saharauis cuyos versos, escritos en el viento, en la arena y en el tiempo, trasmiten el sentir de su pueblo, su Historia, su cultura, su dolor y su fuerza.
Bebiendo de sus propios poemas, y en su honor, iniciamos una antología que titularemos “POEMAS CONTRA EL OLVIDO” en la que poetas saharauis y españoles rasgarán los muros y los silencios para pintar con palabras sentimientos y emociones atrapados en miles de gargantas.
Hoy, ofrecemos un pequeño adelanto de lo que se irá construyendo desde las más profundas raíces del pueblo saharaui.

EL DESGARRO
A veces, soy el de aquí.
Otras veces, soy el de allá.
Una parte de mí está presa en la ciudad
y la otra aquí,
transportada por tu relato.
Quiero dejar de ser dos,
quiero ser uno.
Tenemos que aceptar que la tierra,
es la verdadera patria del verbo.
Porque si seguimos así,
con un pie tan lejos del otro,
en la diáspora o el exilio,
acabaremos por desgarrarnos.
Tenemos que acabar de aceptar que somos
saharauis, aquí.
Saharauis, allá.
Al mismo tiempo,
con todas nuestras contradicciones,
orgullosos de la eterna belleza
de nuestra herencia común.
Solo así, lograremos ser, un pueblo completo.
Limam Boisha.
VERBO DESCOLONIZADO
Alegre de mi verso
y satisfecho de mi voz
descolonizada,
porque no digo “Oui Monsieur”
ni pretendo con artificios
ser lo que no soy.
Refutando la falsa “Liberté, égalité, fraternité”.
Sincero soy en mis principios
de igualdad,
franco en mi apego a la libertad,
con los demás fraterno
y claro en mi descolonizado verbo.
Bahia MH Awah,
CUANDO VUELVA
Cuando vuelva,
quiero un vaso de té verde
con el calor de tus manos
la paz de tu sonrisa y el sabor
de tus labios de hierbabuena.
Cuando vuelva,
quisiera reposar mis caminos
sobre tu regazo de gloria
y quedarme así el resto de la vida.
Mohamed Salem Abdelfatah “Ebnu”
NO TE VAYAS. (POEMA DEDICADO A MI TÍA MUNINA BABA HASENA)
Tu cuerpo vuelve a la tierra
que te vio nacer,
la montaña de Dumes
se despide de ti,
ha quedado en el sur,
en el Tiris,
el lugar del espejismo y del sueño.
Te recuerdo como ayer,
susurrándome bellas palabras
que no volveré a oír.
No puedo aceptar el destino
y despedirme de ti.
Mi corazón no me lo permite,
yo conocí tus lágrimas,
conocí tus palabras.
No te vayas querida Munina,
no te vayas sin decirme nada.
Me acuerdo, cuando era un niño,
mojaba mis pies con el agua de la lluvia,
miraba el cielo limpio de tu mirada.
No te vayas Munina con el silencio de tu corazón
con la sonrisa de tus palabras
con las lágrimas de aquel invierno.
Quédate conmigo y cuéntame
cómo era mi cuerpo de bebé
la tarde en que nací
lleno de lágrimas y sudor.
Dime que no te has ido,
yo te prometo
que te esperaré en el interior de la gran jaima
y volveremos a mirarnos
con aquellas sonrisas de despedida.
No te vayas te lo suplico,
cuéntame cómo eran mis abuelos,
déjame dormir escuchando tu voz,
bajo la luz del quinqué.
Déjame buscar la ladera de la montaña
donde naciste,
y allí recordaré tu nombre
cerca del árbol de nuestra infancia.
Déjame tocar tus pies, tus manos
por última vez ,
enseñarte las lágrimas
que quedaron atrapadas en mi interior.
Ali Salem Iselmu
MATERIA DE AMOR
Si del sol nos viene
el material del amor
que un misterioso genio duende
en tu pecho enciende,
cuánto amor
habrá en esta tierra
que tiene al sol por carcelero
e hizo de los bosques piedra
y de las brisas viento.
Gonzalo Moure
EL HOMBRE QUE ABRIÓ CAMINO AL MAR
En la cresta de la duna
hasta la que caminaba las tardes de los viernes
con pasos cada vez más cortos y pesados,
solía estirar el cuello por encima del sol,
hacia el poniente,
tratando de aspirar el aroma de los días verdaderos
cuando de niño observaba en su playa espumas de delfines.
“No hay peces en el fondo de este mar de arena”,
le oían gritar las mujeres de su edad
mientras regresaba hacia su jaima.
Y murmuraban pensando que estaba suavemente loco.
Desde lo alto de la duna
hacia la que caminaba todos los viernes,
con los hombros cada vez más abatidos
recordaba que la última imagen que vieron los ojos de su padre
era la de ese inmenso pedregal sin esperanza.
“El aire que respiramos no es el nuestro,
el suelo que pisamos es estéril”,
le oían protestar los niños
cuando regresaba hacia su jaima.
Y se reían diciendo que estaba gravemente viejo.
En la cima de la duna,
hacia la que caminaba todos los viernes
con los ojos cada día más anublados,
recitaba el nombre de las ciudades sagradas
y recordaba con nostalgia los días en que ladraban los fusiles.
“¿Esperáis que el viento infle las lonas de las jaimas
y que vuelen por encima de muros?”,
reprochaba a los jóvenes que dormitaban a la sombra.
Y estos le miraban ceñudos,
pensando que estaba severamente escéptico.
Hasta que un día
dejaron de oír sus pasos caminando desde la duna hasta su jaima.
Y ascendieron a la cresta
y encontraron sus zapatos vacíos,
perfectamente alineados hacia un horizonte tras el que recordaba
espumas de delfines, las manos acogedoras de su madre
y el rostro sereno de su padre.
El viento había borrado sus huellas
pero adivinaron su camino solitario hacia al mar.
Y comenzaron a pensar que quizá estuviera especialmente lúcido
Ricardo Gómez
JAIMA
El antiquísimo torrente de la vida
palpita en la raíz de una jaima […] Liman Boisha
La jaima es árbol frondoso,
carpa, hogar, refugio, suelo,
una sombra arrebatada
al cielo para el desierto.
Es la tela de la jaima
de paños hechos con pelo
de cabra y de dromedario
cosidos con mucho esmero.
Cuando una joven se casa
lleva la noticia el viento.
Las mujeres de la daira
levantan su jaima al cielo.
Memona prepara el té
lo pone a hervir en el fuego,
fuera una cabra mastica
un neumático desecho.
El primer té sabe amargo
como la vida, a momentos,
El segundo sabe dulce
como el amor cuando es bueno.
Y el tercero es un té suave
como la muerte en el lecho.
Daryalha bajo la melfa
esconde del novio el beso.
Ya todos los invitados
muestran su agradecimiento:
¡Sed felices! ¡Insha allah!,
que se cumplan vuestros sueños.
En la entrada de la jaima
un camión para un momento,
abre las puertas Larossi
y todo se llena de cuentos.
Ha llegado el Bubisher,
viene de otro campamento,
trae libros para leer
sobre el suelo del desierto.
Raúl Vacas






