Cosas que suceden a orillas del Sella.

Niños. No importa cuántos. Tampoco, cómo se llaman o cuál es su color de piel. Son niños y miran al mundo como lo miran los pájaros: libres. Libres de fronteras, de distancias, de rencores. Voluntarios de una utopí­a, cooperantes de un proyecto al que unen sus manos y su esfuerzo. Han corrido como galgos sabiendo que cada una de sus zancadas suponí­a un lápiz, una goma, un tajador (como ellos llaman a los sacapuntas), un paquete de folios…un trocí­n de sueño.
Maestros. No importa de dónde. Tampoco cómo se llaman ni qué materia imparten. Son maestros de raza, entregados a la tarea de inculcarles a sus alumnos lo que esconden las palabras, lo que se aprende con la mirada y se transforma con el corazón.
El año pasado, estos mismos niños, que hace una semana querí­an saberlo todo sobre el pueblo saharaui, veí­an cómo su escuela se la llevaba el rí­o. Cómo, en unas pocas horas, se quedaban sin nada, y cómo, con el esfuerzo de todos, se volví­a a construir. Hoy, un año después, el rí­o ha estado a punto de tragarse de nuevo sus pupitres y sus mochilas. Pero ni entonces ni ahora, las aguas del rí­o, que da nombre a su colegio, han conseguido arrastrar su mirada limpia hacia un futuro más habitable.
El Colegio Público Rí­o Sella, ha dedicado las Jornadas por la Paz al Pueblo Saharaui. Y sus alumnos han dejado en el proyecto Bubisher esos granos de arena que transforman, en playa, el desierto.

971 respuestas a Cosas que suceden a orillas del Sella.

  1. Qué bonitas palabras, y que alegrí­a pertenecer a este colegio al menos este año. 

  2. Coincido con mi compañera. Bonitas palabras, cargadas de esperanza y animos, para esta etapa tan complicada que nos toca vivir en el mundo de la Educación. Encantada de compartir mi tiempo, este año, en este colegio; y agradeciendo todo lo que me aportan dí­a a dí­a, tanto alumnado como compañeros/as. Y agradeceros a vosotros/as que nos hagais participes de vuestro proyecto.

  3. Cada vez que veo a los niños de un cole solidarizarse con una causa me sigo emocionando, creo, que aunque corren tiempos duros aún hay esperanza, ojalá logremos que nuestros chicos tengan un corazón blandito, limpio y lleno de alegrí­a. Saludos car´ñosos a mis compañeros y alumnos.
    Carmen

  4. Gracias Palma, Gracias Gonzalo por «más buenos momentos».
     Una voz dulce, una historia, un relato, una realidad de boca de Palma, ha acercado a los más pequeños, a otros niños con ansias de escuchar esas historias que , a veces, dormitan en nuestra biblioteca o en la estanterí­a de nuestra casa, esperando que llegue el momento de hacernos soñar.
    Una vez más, tuvimos la suerte de volver a contar contigo, Gonzalo, en nuestro centro. Resultaba raro, como algunos niños decí­an, no oí­rte hablar de tus libros. Pero esta vez no vení­as, como hace un año, a contarnos las dulces y a la vez amargas palabras de caramelo o las mágicas historias de los gigantes, que aunque mágicas, nos hicieron conocer la vida tan dura de los campamentos de refugiados. Esta vez tocaba el Bubisher. Un proyecto que estamos seguros que volará muy alto y llegará muy lejos cargado con buenos augurios como su nombre indica.
    Fue emocionante ver, a la mañana siguiente de estar con vosostros y comenzar la clase, como  nuestros niños se cogieron de las manos y espontáneamente empezaron a cantar » mano con mano, buscando el  Bubisher», lo repetí­an una y otra vez. Sus manos entrelazadas guardaban cariño, empatí­a y muchas ganas de hacer algo, de colaborar. Porque vosotros,  tenéis  «la llave» que abre a nuestros alumnos las puertas de la imaginación, de los sueños y de la solidaridad.

                        ¡ Gracias por todos los buenos momentos!
                        ¡ Gracias por hacernos sentir orgullosos de nuestros alumnos! 

  5. Muchí­simas gracias a vosotros. Por vuestro esfuerzo, por vuestra gran labor y por unir vuestras manos a las de todos los que creen en este proyecto.
    Hoy me decí­a una amiga que en el Centro de Salud en el que trabaja,  frente a la consulta de Pediatrí­a, habí­a tres niños cantando: «Mano, con mano…»
    A veces, saltan colores en un tiempo gris marengo
    Un abrazo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *