
Con el vuelo habitual de Semana Santa, en el que quienes acogen en el verano a niñas y niños saharauis viajan para convivir con sus familias, ha ido un equipo del Bubisher: Malena, Noemí, Ana, Elena, Jose y Emilio.
Todo se desbarató: el vuelo con destino a Tindouf tuvo que retrasarse por motivos operacionales y se demoró el embarque hasta el día siguiente; una vez en los campamentos, una tormenta de arena, que al parecer afectó a una extensión de 1.300 kilómetros y recorrió varios países del norte de África, hizo que tuvieran que cerrarse los colegios y solo pudieron acudir a la biblioteca dos ávidas lectoras de nueve años: Lamna y Laila; por la tarde, el acto de bienvenida que iban a celebrar las autoridades saharauis en Ausserd tuvo que suspenderse por el intenso siroco…


Pero, de repente, nos encontramos con Tania, una gallega alta y simpática, con su hija Salma. Tenían su casa cerca de la biblioteca Bubisher. En unos minutos convocaron a los niños del vecindario y todos pasamos una tarde maravillosa: Kamishibai, taller de creación de títeres, la visita de Gabarrín (un duende bueno de Valsaín), y todo fue posible gracias a Didi y Dehdu, unas bibliotecarias maravillosas, y a Ebnu, jardinero y conserje del Bubisher de Smara, verdadero duende benéfico que nos enseñó además con orgullo el jardín con su talha y su moringa.
PESCA DE ALTURA (segundo día)

Hoy nos ha acompañado Mimi, una de las bibliotecarias del Bubisher de Smara, al Colegio de Secundaria 17 de Junio, para colaborar en las actividades previstas por su directora, Taufa Mohamed Ali, en colaboración con el Bubisher.
Comenzaba el Primer Campeonato Bubisher de Pesca Marítima. Diecisiete niñas y niños de un curso de Secundaria han tenido que preparar los aparejos, con plomada incluida, para poder pescar en el rico mar del Sáhara Occidental con sus más de mil kilómetros de costa. Ha sido una pesca muy abundante, aunque las estrategias de los equipos han sido muy diferentes. Unos navegaron aterrados (no os confundáis, es un término canario que se utiliza cuando se prefiere navegar cerca de la costa), otros prepararon el zancajo, un ancla a base de piedras, como se hace en Canarias, y prefirieron pescar a la espera. El resultado fue espectacular: salmonetes, pulpos, pargos, besugos, sardinas…



Los niños del Colegio 17 de Junio, además de pasar un día muy divertido, conocen ahora mucho más de la riqueza de su mar, tan lejano.
[Dedicado a Susi Alvarado, bubishera canaria que encontró de nuevo al “principito”. Autora, junto con Teresa Correa, de El principito ha vuelto]
TRILOGÍA DEL MAR DEL SÁHARA

Todo empezó con un juego. Algunas cosas empiezan así. Se trataba de que los usuarios de las bibliotecas del Bubisher y los estudiantes en los centros educativos conocieran la riqueza del mar del Sáhara. Tras cincuenta años de exilio y dos generaciones nacidas ya en los campamentos de Tindouf, el objetivo era pasar unas jornadas agradables de juegos educativos sin mayores pretensiones.
La retaguardia del Bubisher se puso en marcha: en Valencia, Amparo y Tomás dibujaron un magnifico mural ilustrativo de las especies marinas del Sáhara Occidental, del Sáhara Atlántico.
En La Granja de San Ildefonso Julio, Silvia y Noemí construyeron un recinto fácilmente desmontable y transportable con un fondo marino y peces de madera provistos de una argolla y por supuesto con sus correspondientes cañas y aparejos.
Un año antes, en el Instituto Iturrama de Pamplona los alumnos habían ilustrado un kamishibai titulado “Zappar a la orilla del mar”.
Así que de pronto nos hemos encontrado con una trilogía del mar del Sáhara que permite llevar a cabo diferentes actividades en un mismo centro y para diferentes edades, combinando la perspectiva científica (especies, litoral…), la reivindicativa (riqueza de la que se apropian otros) y la lúdica.
Un reloj de arena marcaba los tiempos de pesca entre un grupo y otro y al final de este peculiar campeonato de pesca tierra adentro, un total de setenta niñas y niños saharauis que siguieron atentos las explicaciones de las bibliotecarias (vanguardia del Bubisher) se hicieron con una importante cantidad de peces, que -siendo de madera- estaban en sus manos, vivos y coleando.






