
Este es el título de la segunda novela del japonés Haruki Murakami, pero bien podría ser el lema de las bibliotecas del Bubisher. Sería compatible con el magnífico poema de Limam Boisha: “Un beso, solamente un beso, separa los labios de Europa de la boca de África”. El de Limam apela a Europa, al mundo, mientras que el de Murakami apela a todos los niños y jóvenes que frecuentan las cinco bibliotecas; les dice que sí, que si el sol envía sus cincuenta grados al campamento, hay que bailar. Que si el siroco levanta las chapas del techo, hay que bailar. Que si la renuente lluvia de pronto desata una inundación, hay que bailar. Baila, baila, baila, no te detengas, no te rindas, no bajes los brazos ni ante el calor, ni ante la lluvia ni ante el azote de arena del viento. Dice Murakami en su novela: «Tienes que bailar. Mientras suene la música, tienes que bailar. ¿Entiendes? No te preguntes por qué. No pienses en el significado. El significado no existe.» Eso es. Abre ese libro y baila. Sigue dibujando y no dejes de bailar. Los enemigos de tu pueblo quieren que llores, que te rindas, pero tú mírales a los ojos y baila, baila, baila. Reúnete con tus amigos en ese jardín imposible de la biblioteca, en torno a esa mesa redonda, y todos juntos, sin bajar la cabeza ni un poquito siquiera, bailad, bailad, bailad.
Gonzalo Moure






