RAÍCES

Dicen, los señores del compás y de los despachos de moqueta
que hay mapas trazados para ser borrados,
que la justicia es un lujo de los fuertes
y que el olvido es el destino inevitable de las dunas.
Pero ignoran la física de las raíces.
Ignoran que se resiste porque hay raíces,
pero se vence porque hay obra.
Resistiré, cantamos.
Y no fue solo un verbo levantado al viento,
fue levantar un hospital donde solo había piedra,
hacer del saber el pan de cada niño,
hacer de la salud una trinchera inexpugnable
y de la escuela el primer territorio liberado.
Se resiste en las victorias de los combatientes del EPLS,
en cada gesto de dignidad de quienes defienden su tierra,
en la certeza de que el valor desarma la soberbia de las potencias.
Y se resiste cuando la belleza irrumpe en el desierto:
ahí vuela el Bubisher,
ese pájaro prodigioso que trae libros bajo el ala,
que cruza los campamentos sembrando palabras,
y convierte la aridez de la hamada en un vergel de cultura,
en historias contadas bajo la lona,
en versos que rompen el cerco del silencio.
Pueden alzar muros de vergüenza,
pueden comprar voluntades en los grandes escenarios,
pueden codiciar las riquezas de nuestra tierra,
pero no pueden arrebatar la libertad a quien ha aprendido a leerla,
a quien cura a los suyos, educa a sus hijos y defiende su patria.
Aunque soplen vientos de cerco y de impunidad,
la resistencia no es solo soportar el golpe:
es construir el futuro en mitad de la tormenta.
Porque resistir nunca fue el destino.
El destino siempre fue regresar con libertad a la tierra que jamás dejamos de sentir nuestra.
Y mientras haya un hospital que cure, una escuela que enseñe, un libro abierto en la hamada, un combatiente que defienda a su pueblo y un niño que pronuncie con orgullo el nombre del Sáhara Occidental, la esperanza seguirá teniendo raíces.
Resistiré.

B.Lehdad.

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