CAMINO A LA ESCUELA

 

 

El derecho universal a la educación es un derecho humano fundamental que establece que todas las personas, sin importar su origen, género, idioma, religión, situación económica o discapacidad, deben tener acceso a una educación de calidad. Este derecho busca que cada persona pueda desarrollar sus capacidades, aprender conocimientos y participar plenamente en la sociedad.

Asistir a la escuela es una de las principales formas de ejercer este derecho.

Esta es la historia de Zahira una niña que se prepara para ir a la escuela en los campamentos saharuis.

El primer rayo de sol se coló por la entrada de la jaima y la despertó. Abrió los ojos despacio y escuchó el suave murmullo del viento moviendo la tela de su hogar. A lo lejos se oían algunas voces y el balido de unas cabras que anunciaban el comienzo de un nuevo día.

Zahira se levantó, dobló la manta, se puso las sandalias y salió a saludar a su madre, que ya preparaba el desayuno. Se lavó la cara y las manos con el agua que guardaban en un recipiente. Mientras desayunaba un vaso de leche y un trozo de pan, su madre terminó de peinarla, hoy toca trenzas y lazos rojos que no solo sirven para sujetar el pelo, sino que forman parte de la identidad e higiene escolar.

Antes de salir, se despidió de su familia con un abrazo. El aire de la mañana era fresco y el sol comenzaba a calentar la arena del desierto. Con la pequeña mochila  a la espalda y una gran ilusión por aprender algo nuevo, emprendió el camino donde la esperaba, su amiga Fátima, que sonreía mientras se ajustaba el pañuelo que la protegía del viento del desierto.

Viven en uno de los campamentos saharauis, donde las casas están hechas principalmente de adobe y jaimas. El suelo es de arena y piedras, y no hay calles asfaltadas. Mientras caminan, ven a sus vecinos saludándose y a otros niños que también se dirigen a clase. Van juntas porque el trayecto es más agradable cuando comparten historias y risas. El camino a la escuela representa un momento importante en su desarrollo, ya que marca la transición entre el espacio de protección del hogar y un contexto social más amplio.

El paisaje que les rodea es inmenso. Solo se ven el cielo, la arena y algunas construcciones sencillas. A veces el viento levanta polvo y tienen que protegerse los ojos. En los días más calurosos, el sol parece no dar tregua, pero siguen caminando porque saben que la educación es muy importante para su futuro.

Cuando llegan a la escuela, los maestros las reciben afectuosamente.. Allí

no solo adquieren conocimientos en materias como matemáticas, ciencias o lengua, sino que también aprenden valores como el respeto, la convivencia, la igualdad y la solidaridad. Además, la educación les ayuda a desarrollar habilidades para resolver problemas, tomar decisiones y construir un mejor futuro. También hablan de su cultura y de la importancia de mantener vivas las tradiciones.

Aunque las aulas son sencillas y muchas veces faltan materiales, todos tienen muchas ganas de aprender.

Al terminar las clases, en el camino de regreso, llegan al recodo donde el sendero se divide, las dos amigas sonríen. No tienen ninguna duda de adónde quieren ir.

-¿Entramos un rato? pregunta Zahira.

A pocos pasos se encontraba la Biblioteca Bubisher, un lugar muy querido por todos en los campamentos saharauis. Sus puertas siempre estaban abiertas para quienes buscaban una historia, un rincón tranquilo para leer o simplemente un lugar donde dejar volar la imaginación.

Al entrar, las recibe el agradable olor de los libros y las voces suaves de otros niños que hojean cuentos y novelas. En las estanterías les esperaban historias del Sáhara, leyendas tradicionales, aventuras de lugares lejanos y libros llenos de ilustraciones que invitaban a soñar.

La bibliotecaria las saludó con una sonrisa.

—¡Ya habéis salido de la escuela! Justo ha llegado un lote de libros nuevos. ¿Queréis ser las primeras en descubrirlos?

Las amigas dejaron las mochilas junto a la entrada y se repartieron por la biblioteca. Sabían que, antes de regresar a casa, siempre había tiempo para leer unas páginas, compartir un cuento con los amigos o escuchar una historia narrada en voz alta.

Para ellas, la Biblioteca Bubisher no era solo un edificio lleno de libros. Era un lugar de encuentro, de aprendizaje y de esperanza, un espacio donde cada tarde comenzaba una nueva aventura antes de volver a casa.

Cándida Santiago

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