
Hay personas que aparecen en un momento concreto de tu vida y consiguen que un lugar desconocido se convierta en un hogar. Para nosotras, Maite y Alba, Bubisher fue precisamente eso.
Hace tres años llegamos a los campamentos de refugiados saharauis para participar durante dos meses en un proyecto veterinario. Íbamos con muchísimas ganas, pero con la incertidumbre de enfrentarnos a una realidad completamente nueva: una cultura, ritmos y formas de entender el tiempo y el trabajo diferentes. Las primeras semanas nos alojamos en el mismo lugar que varios voluntarios y fundadores de las bibliotecas Bubisher, y fue entonces cuando empezó una amistad que marcaría enteramente nuestra experiencia.
Ellos nos escucharon, nos hicieron sentir valoradas y nos acogieron como si estuviéramos en casa. Nos enseñaron a entender que, para trabajar allí, primero había que aprender a mirar, a escuchar y a adaptarse. Gracias a ellos continuamos nuestra aventura con ilusión y confianza, y evitaron que las dificultades iniciales hicieran tambalear un proyecto en el que habíamos puesto tanta pasión.
Durante esos dos meses también tuvimos la suerte de compartir pequeños proyectos con Bubisher. Pudimos emprender charlas en sus bibliotecas, organizar juegos con los niños y niñas y participar en la rehabilitación de la fachada de la biblioteca de Smara. Fueron momentos sencillos, pero llenos de significado, que hoy siguen ocupando un lugar muy especial en nuestra memoria.
Nosotras intentamos mostrarles un poquito de nuestro salvaje mundo; la veterinaria. Pudimos compartir noches entre ovejas, cirugías, crotales, cabras, inyecciones y camellos. Ellos, por su parte, nos regalaron mucho más: libros, conversaciones, etimologías, historias, reflexiones y una forma de entender la cooperación basada en el respeto y el aprendizaje mutuo.
Y, cómo olvidar aquellas noches bajo las estrellas, en el Protocolo de Smara. Allí terminaban los días compartiendo las aventuras vividas, riéndonos de las anécdotas, hablando de los retos, de los sueños y de todo lo que íbamos descubriendo. Esos momentos nos quedaron grabados para siempre.
Desde entonces no habíamos vuelto a coincidir en persona, aunque nunca perdimos el contacto.
Por eso, encontrarnos de nuevo el pasado sábado 4 de julio en el festival Sahara Colour Rice fue una de esas sorpresas que la vida regala sin avisar. Volver a abrazarnos, recordar juntos tantas historias y momentos nos hicieron
darnos cuenta y comprobar que el cariño sigue intacto. Fue profundamente emocionante. Bastaron unos minutos para sentir que el tiempo no había pasado.
Hay lugares que nos transforman, pero son las personas quienes hacen que esa huella permanezca para siempre. Bubisher forma parte de nuestra historia en los campamentos y siempre estaremos agradecidas por todo lo que pudimos compartir y aprender juntos.
Estamos convencidas de que este no será nuestro último reencuentro. Ojalá el próximo sea, de nuevo, bajo el cielo inmenso de nuestros queridos campamentos saharauis.
Gracias, Bubisher, por abrirnos siempre las puertas y por regalarnos un espacio desde el que compartir este pedacito de nuestra historia.
Con cariño!
Alba y Maite






