UNA TARDE…

Una tarde, nuestros caminos se cruzaron sin planificación previa. Me encontraba en una zona del sur de España, y pensaba que quienes conocían a los saharauis allí eran muy pocos.

Pero ella apareció de repente.

Pasé a su lado en un restaurante, y mi vestimenta saharaui llamó su atención, así que me habló. Aquel fue el inicio de un conocimiento sencillo, que nunca imaginé que tendría tanto significado con el tiempo.

Eva… una mujer de espíritu ligero, profundamente humana, y madre de un joven saharaui especial. Pasaron los años, perdimos el contacto, hasta que volvió a escribirme, no solo para preguntar, sino con un deseo sincero de ayudar.

Me contó que, junto a su asociación, quería apoyar a la Biblioteca Bubisher, y que deseaba dejar su huella, como ya lo había hecho antes en los corazones de muchos saharauis.

Y así fue… llegó cargada de bolsas, que no eran solo recursos escolares, sino que también estaban llenas de alegría. Como si quisiera colorear con ellas el cielo de los niños de Bubisher, abrirles una ventana de esperanza en medio de la vida en el exilio, y dibujar para ellos un camino más luminoso dentro de la biblioteca.

Este gesto dejó una huella profunda en los corazones de los niños. Sin duda, no olvidarán aquella tarde en la que esas manos amables entraron para compartir con ellos algo del peso del exilio, en ese no-lugar de la hamada… y hacerlo más ligero.

Al final, comprendemos que algunos encuentros, aunque parezcan pasajeros en su momento, llevan dentro semillas de un impacto que no desaparece.

Porque el bien no se olvida, y los corazones que dan con sinceridad dejan huellas en lugares donde las palabras no alcanzan.

Quizás aquella tarde no estaba planeada, pero cambió algo…

Y en la vida de los niños, puede que haya cambiado mucho.

Mimi Hama, bibliotecaria Bubisher de Smara

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