EL LIBRO DE LOS ABRAZOS

 

 

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.

Los ningunos, los ninguneados…jodidos, rejodidos:

Que no son, aunque sean…

Que no tienen nombre, sino número…

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

               

                            Eduardo Galeano. El libro de los abrazos

 

Este libro preside hace años mi biblioteca y lo abro cada vez que la realidad que me rodea provoca en mí arcadas de indignación y rabia; lo saco de la estantería a modo de analgésico, medicina narrativa la llaman los expertos.

Esta colección de fragmentos está repleta de referencias a la memoria histórica y recuperación de voces silenciadas, a la denuncia de la opresión política y social, a la defensa de los invisibles del sistema y rezuma por los cuatro costados crítica al poder, al colonialismo y a las injusticias globales. Bien podría parecer que Galeano escribe sobre el Sáhara Occidental en este libro, como lo hace magníficamente en Espejos, hablando de los muros invisibles.

Leer a Galeano invita precisamente a rescatar esas historias olvidadas, como la saharaui.

 Los nadies pueden ser perfectamente los refugiados saharauis, un pueblo desplazado, invisible para la agenda internacional, sin Estado reconocido plenamente y reducido muchas veces a cifras o “problema humanitario”. Cuando Galeano habla de Humanidad en medio de la adversidad parece estar pensando en los campamentos. La capacidad de crear vida en condiciones extremas que hemos podido ver en el ejemplo saharaui es muy de Galeano. No es solo una descripción poética: es una denuncia política. El escritor uruguayo habla de personas que no cuentan para el poder (¿verdad, Sr. Sánchez?), no tienen voz en decisiones globales (¿verdad, Señores de la ONU y del Parlamento Europeo?), son reducidas a estadísticas y viven fuera de la historia “oficial” (¿verdad, Comunidad Internacional?). Así son nuestros nadies:

 Que no tienen nombre, sino número: los refugiados saharauis aparecen en informes como cifras, son “X miles de desplazados”, su identidad individual y cultural queda ninguneada.

Que no son, aunque sean:
El Sáhara Occidental no tiene un estatus político resuelto, su pueblo existe, pero no tiene Estado plenamente reconocido, no decide su futuro, es una existencia “suspendida”, casi negada en términos políticos.

Los ninguneados tras décadas sin resolución del conflicto, de escasa presión internacional real y de promesas incumplidas, el término encaja de forma casi literal.

Los dueños de nada viven en campamentos en el desierto argelino, no están en su territorio original, dependen de ayuda humanitaria y han sido desposeídos de tierra, recursos y soberanía.

Pero recordemos siempre que son los nadies para el mundo…pero no para sí mismos. Por eso, nombrar a los nadies ya es un acto de resistencia, hablar de ellos, contar su historia, reconocer su identidad …es precisamente lo contrario de ningunearlos.

Yo propongo que este libro ocupe un lugar de honor en cada uno de nuestros cinco templos de resistencia, que en cada biblioteca del Bubisher la voz de Galeano siga derribando muros.

Javier Bonet

 

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