MOMENTOS LUMINOSOS

 

Entre el caos y la desesperanza del refugio, en los campamentos aparece una luz que atrae. Cuando la sigues y cruzas su umbral, se abre otro mundo: expectación, entusiasmo, orden y una alegría que se sostiene sola. Diría que el Bubisher es ahora, más que nunca, imprescindible.  Ellos necesitan esa chispa que nace al entrar en otros mundos —imaginarios, lejanos, extraños— y dejarse llevar por las risas, la emoción y el latido de jugar y crear. Porque en esos instantes luminosos, breves pero intensos, se forja una fuerza silenciosa: la que permite seguir resistiendo, seguir creciendo, seguir creyendo que la vida puede abrirse paso incluso en la arena más dura.

Eso es lo que veo cuando miro los ojos de los niños y niñas que siguen el vuelo del Bubisher: una fuerza que insiste, que resiste, que recuerda que la vida también puede tener momentos luminosos aún en la espera del regreso.

 

Natalia Correa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *