EN CASA

 

Si bien es verdad que entre las casas que habita la población refugiada saharaui pueden, hoy, observarse algunas diferencias, tanto de orden cuantitativo, como cualitativo, sin embargo, en todas ellas late el espíritu de la jaima, espacio familiar común, compartido con el beit, hasta no hace mucho tiempo. El espíritu de la jaima acompaña a la población saharaui allá donde esté, en la diáspora, también. Sea cual sea s la casa en la que vivan, en todas, una habitación es transustanciada, ya que no en jaima, sí en beit, alternativa habitacional coexistente con la jaima en las wilayas, en la que el espíritu de la jaima, que tiene su sede permanente en Leyuad (Tiris), se manifiesta en lo que el poeta saharaui Liman Boicha denomina “Ritos de jaima”, poesía vivida: desde el recibimiento de una nueva vida, hasta la despedida de una vida ya cumplida, pasando por el casamiento, que media entre ambos acontecimientos, por señalar los más relevantes en el paso por la existencia, todos tienen lugar en la jaima, y todos son celebrados con el rito, poco ritual, pero sí muy familiar, del té, que pone calidez y aroma al espíritu de la jaima, bendiciendo a cuantos participan en y de él. A veces, y por falta de espacio (en la diáspora, claro), solo es posible contar con un rincón para la bandeja, la tetera, los vasitos, la frna (en su defecto, el infiernillo eléctrico), en torno a los cuales se expresa el espíritu de la jaima como lo que, en otro lugar, he llamado “una mística de la vida cotidiana”.

Es por eso, por lo que toda persona saharaui, sea en el refugio de la hammada, o en sus ciudades ocupadas o en ciudades que no son las suyas, se siente en casa, en “su” casa.

(Desde hace 16 años, en la hammada se han construido una suerte de “segundas residencias”, frecuentadas por la población refugiada más joven. En ellas, de la mano de las bibliotecarias y sus equipos, tienen lugar ritos lúdicos-educativos, animados por un espíritu que alumbra con luz nueva el espíritu de la jaima. Son las bibliotecas Bubisher. Quienes acuden a ellas también se sienten en casa. En “su otra” casa.)

Fernando Llorente

 

 

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