
2700 kilómetros de muro y miles de minas antipersona dividen de cuajo al pueblo saharaui y provocan muertes de personas que luchan por la vida.


Una realidad que los niños saharauis aprenden y contra la que se oponen utilizando símbolos tan pacíficos y tan cercanos a la naturaleza como son las flores. Flores que no crecen en la descarnada hamada donde han nacido, pero que ellos fabrican con la ilusión de regresar a su tierra ocupada sin que sus piernas , sus brazos o su vida queden atrapados en ese muro infernal. Flores que en la biblioteca de Auserd crecieron ayer, uniéndose a la campaña STOP MINAS que coordina la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional bajo el lema “Un Jardín para la Paz”.






