Una impresionante tormenta de arena nos sorprendió cuando viajábamos de Dajla a Smara. Fue como entra
r en otra dimensión, primero una montaña de arena se movía hacia nosotros a gran velocidad y poco después, la tierra y el cielo se fusionaron en rojo. Un espectáculo único, sorprendente, como sorprendentes fueron los días que siguieron en los que fuimos de biblioteca en biblioteca comprobando el magnífico hacer de nuestros compañeros saharauis, disfrutando de la alegría de los niños y niñas que cada día se acercan a la lectura, constatando que el proyecto se expande en las escuelas, donde empiezan a ponerse en marcha las bibliotecas escolares apadrinadas por el Bubisher y verificando que se está haciendo una buena planificación para atraer a los jóvenes a través de cursos de idiomas, de charlas y de talleres.
Y el tiempo fue volando. Llegó el día en el que ocho de los diez voluntarios tenían que regresar y nada mejor para despedirse que compartir una comida de hermandad.










