
Archivo de octubre, 2025
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CALENDARIO 2026: IDENTIDAD SAHARAUI

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ENTRE DOS ESPERAS

¿Dónde lo he leído? “En el mar de arena no se abandona a nadie”. Tampoco en la hamada. Este contraste entre la sombra y el pequeño destello de luz es el vínculo entre dos esperas. No es la logística. Es la tenacidad y la astucia. Para atravesar las fronteras ficticias trazadas por las potencias coloniales. Para sortear las minas antiguas y los déspotas modernos. Para traer amoxicilina. Para llevar lápices de colores o libros a las bibliotecas. O pasta de dientes, o atún en escabeche.
El conductor saharaui es el sacerdote que oficia esta ceremonia mágica de llegar a un sitio casi sin referencias. Y como tal sacerdote administra los silencios, las palabras y la ceremonia del viaje incierto.
A veces duerme en una estera junto a la rueda delantera izquierda como si estuviera cerca del ronzal del camello moderno o pone la música que cree adecuada a tu país de procedencia.

Este vehículo puede estar conducido en la actualidad por Hassanna, deidad de mantenimiento y coordinación del Bubisher dotado de todas las cualidades de la energía cinética.
O hace sesenta años por mi amigo Zappar uld Moulud que nos llevó a la hamada en un Land Rover. Allí estuvimos tomando el té en una planicie pedregosa en la que las sombras de las piedras iban creciendo con el atardecer con una nitidez tan intensa que eran más visibles que los objetos que las proyectaban.
De regreso a El Aaiún, uno de los viajeros se percató de que al sentarse en el suelo había perdido la cartera. Zappar le tranquilizó y un mes después, cuando fue posible conseguir otro vehículo, condujo exactamente hasta la pequeña piedra donde aquel viajero distraído había perdido sus documentos.
Del mismo modo en que los pájaros llegan, desde la lejana Europa, a beber en las charcas de la Sequia el Hamra.
Emilio Sánchez Blanco
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24 DE OCTUBRE: DÍA LAS BIBLIOTECAS

Un año más llega el 24 de octubre, el Día de las Bibliotecas. Es importante que dediquemos un día al menos a recordar la importancia de las bibliotecas en un mundo tan disperso, tan fugaz y superficial.
Hace dos años tuve la suerte de celebrar este día en las bibliotecas del Bubisher en los campamentos de refugiados saharauis. Pude recorrer las cinco, una en cada wilaya, y comprobar la importancia que tienen allí y el papel tan necesario que realizan. Cada vez que voy me siento más orgullosa de colaborar con las bibliotecarias y contribuir a que este proyecto se mantenga y siga adelante gracias a un personal ilusionado y profesional.
La Bruja Rotundifolia cuenta que la biblioteca es “Un lugar pensativo donde se está muy a gusto y donde puedes pensar e imaginar y un montón de historias te pueden atrapar”
La Biblioteca ya no es el templo del silencio. Es un lugar de encuentro, donde cada lector o lectora busca su libro y cada libro busca sus lectores. La biblioteca siempre te puede sorprender. Hay que llegar a ella buscando historias, buscando compañía, buscando información, entretenimiento, sosiego, consuelo y reflexión. La biblioteca tiene que ser un lugar de acogida, no de exclusión.
Pero las bibliotecas hoy día también tienen que ser un lugar de reivindicación. En estos momentos tan convulsos, las bibliotecas además de suministrar información tienen que aportar herramientas contra la desinformación, contra los fanatismos, la desigualdad, los abusos y los genocidios.
En la era de lo digital, de la IA y de las redes sociales, las bibliotecas son más necesarias si cabe porque las personas necesitamos un entorno público que nos ofrezca una información contrastada, una mirada crítica, unas herramientas para saber discernir lo verdadero de lo falso y una amplitud de miras para aceptar otras opiniones y debatir. Parece que ya todas sabemos buscar la información en esa gran red de redes pero estamos muy perdidas y las bibliotecas son un faro que nos guía a buen puerto, al puerto de la cordura, de la dignidad y de la sensatez. Por eso, más que nunca, ¡NECESITAMOS BIBLIOTECAS!
Ana Julia Salvador
Bibliotecaria jubilada

La biblioteca es tu espacio especial para la comunidad, es como nuestro hogar, donde nos encontramos seguros y cómodos. La biblioteca es calidad y excelencia. Con motivo del Día Mundial de la Biblioteca queremos destacar que nuestras bibliotecas desempeñan un papel importante en la sociedad, fortaleciendo la formación y la cultura a través de la lectura, la escritura, la preparación de actividades y el fomento de valores. Si no fuera por las bibliotecas, la sociedad se habría vuelto ignorante y analfabeta, sin saber cómo liberarse de la presión actual, porque nutrir la mente con la lectura es tan importante como nutrir el cuerpo con la comida. Por todo ello, las bibliotecas Bubisher siempre serán espacios importantes y necesarios en nuestras vidas. Gracias siempre a quienes trabajan en este maravilloso proyecto.
Suadu Mahsan
Bubliotecaria de El Aaiún

Hoy celebramos el Día de las Bibliotecas, y no hay mejor motivo para rendir homenaje a uno de los proyectos más nobles y transformadores que existen en los campamentos de refugiados saharauis: las bibliotecas Bubisher.
Nacidas de la solidaridad y del sueño compartido de acercar los libros, la cultura y la palabra a quienes viven lejos de su tierra, las bibliotecas Bubisher se han convertido en oasis de conocimiento y esperanza en medio del desierto. Cada estantería, cada cuento leído , cada niño que descubre el poder de la lectura, representa una victoria frente al olvido y al silencio.
Detrás de esas bibliotecas hay voluntarios y voluntarias que, con su entrega, cruzan fronteras físicas y emocionales para acompañar a un pueblo que nunca ha dejado de luchar por su dignidad. Y están también las y los bibliotecarios saharauis, guardianes del espíritu del Bubisher, que día tras día abren las puertas del saber y mantienen viva la llama de la educación, la cultura y la palabra compartida.
En este día tan especial, gracias a todas y todos los que han hecho, hacen y harán posible el Bubisher.
Vuestra labor no solo lleva libros: lleva futuro, memoria y esperanza.
¡Feliz Día de las Bibliotecas!
B.Lehdad
Escritor
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LA HAMADA ES UN ORGANISMO DURO

La hamada es un organismo duro. Un cuerpo de arena, piedras y rocas. Sin adornos. A veces, aunque no haya tormenta de arena, el viento teje una membrana de partículas que cubre todo el campamento.
La mayoría de los niños saharauis pasan muchas horas a la intemperie y sus cuerpos sin apenas protección, también se vuelven duros en sintonía con la hamada. Duros y al mismo tiempo son espíritus imaginativos y alegres.
Es la hora del ocaso y hay tres niños jugando a cielo descubierto. El sol sigue acribillando con sus rayos el vecindario. En la línea del horizonte parece dibujarse un plano inquietante: ¿qué es aquello de color amarillo brillante? Pregunta el niño que está subido encima del montículo de piedra. Es como una ola gigante de lava que viene a derretir el mujaiam. ¿O será seil, el rio de barro que traga casas, personas y coches?…
¿Qué será? ¿Qué será? Responde intrigado su amigo.
En los gestos corporales de los dos niños se percibe más preocupación que curiosidad, mientras que el tercero que nos mira está en otra honda, la onda de la alegría.
También la hamada es eso: mensajes en distintas frecuencias. Alegría y tristeza. Sueños y cruda realidad. Calor extremo y frío. Luz y sombra. Corrales y espacios abiertos. Tormentas de arena y cielos nocturnos sembrados de estrellas. Espíritus nómadas en cuerpos cada vez más sedentarios. Coches nuevos y muchos viejos, desguazados del norte, viven en el mujaiam una nueva infancia y juventud.
La hamada erosiona todos los cuerpos y deja el alma hecha jirones. Acaso no es eso lo que ha pasado (y sigue pasando), a este pueblo nuestro, que lleva cincuenta años de espera y sufrimientos. Hasta cuándo.
Son los niños y niñas del mujaiam los que ablandan la hamada con sus juegos y alegrías.
Mientras sigan jugando y leyendo, hay esperanza.
Limam Boisha
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LA MEMORIA DEL BUBISHER (Dedicado a los guardianes de la memoria saharaui, que hacen de la solidaridad su aliado y de los libros su bandera).

El día que el primer Bubesher llegó al campamento, todo cambió. Era un camión pintado de azul y amarillo, con dibujos del ave de la buena suerte en las puertas y un estante lleno de libros que olían a mundos desconocidos. Los niños corrían a su alrededor como si acabara de aterrizar un trozo del cielo.
Él estaba entre ellos, curioso, con los pies llenos de polvo y el corazón latiendo rápido. Ella apareció poco después, más silenciosa, con un cuaderno entre las manos y una mirada que parecía contener el eco de algo antiguo. Se miraron sin decir palabra, pero algo en esa mirada los unió de inmediato, como si hubieran sido elegidos para formar parte de una secta secreta cuyo juramento era recordar.
Aquel día compartieron un libro de cuentos y una promesa sin palabras. No sabían que ese momento, tan breve y luminoso, quedaría suspendido entre el pasado y el destino.
Durante años, él recordaría la sensación de aquella primera lectura: el olor del papel, el murmullo de las páginas, el roce fugaz de su hombro junto al suyo. Y ella, sin confesarlo nunca, guardaría en su memoria el brillo de aquella tarde como se guarda una semilla entre las palmas.
Mucho tiempo después, él regresó a la misma Wilaya, acompañando a una delegación asturiana en visita oficial. El viaje no era personal; lo movía el deber, no la nostalgia. Había cruzado mares y desiertos sin pensar que algo de su infancia pudiera esperarlo allí.
La mañana era clara, y el viento del este levantaba un polvo leve sobre los muros de adobe, del centro administrativo de la Wilaya. Al fondo se alzaba el fruto y empeño de la solidaridad: la biblioteca Bubisher, erguida como una casa del alma.
Cuando la delegación entró, ella estaba allí, esperándolos. No llevaba insignias ni títulos, pero todos entendieron enseguida que era la autoridad del lugar.

—Bienvenidos, dijo con serenidad. Aquí los libros también son refugiados, pero ninguno ha olvidado su destino ni su origen.
Él se estremeció. La voz, el tono, la cadencia… había algo que lo golpeó sin previo aviso. La miró, y el tiempo se deshizo. Era ella.
La niña del camión azul.
La que había compartido con él el primer libro y una promesa que el viento o más bien el tiempo se llevó.
Ella guio a los visitantes con profesionalidad y dulzura, mostrando cómo los niños del campamento descubrían el mundo entre las páginas. Hablaba de los talleres de lectura, de los sueños que nacían entre cuentos y lápices.
Él, desde atrás, apenas la escuchaba; solo veía los años superpuestos sobre la misma mirada.
Cuando el grupo se dispersó entre los estantes, sus miradas se encontraron por primera vez desde entonces. Ninguno habló al principio. Bastó el silencio
-¿Sigues creyendo en lo imposible? preguntó él, casi sin voz.
—Solo cuando el viento trae noticias del pasado, respondió ella, apenas sonriendo.
No añadieron nada más. Las palabras se les volvían inútiles.
Al final de la visita, ella le tendió un marcapáginas tejido por las jóvenes de un taller que de vez en cuando la biblioteca ofrece a las mujeres jóvenes de la wilaya.
—Para que no pierdas la página, dijo.
En el borde del tejido, una inscripción diminuta: “Para los que aún leen lo que el refugio escribe.”
Él la guardó en el bolsillo sin atreverse a mirarla de nuevo.
Esa noche, bajo las estrellas, comprendió que era un reencuentro casual. Ambos seguían siendo miembros de aquella secta secreta, esa que solo el Bubisher, el del conocimiento y la solidaridad sabe crear y tejer. La de los que aún creen en el poder de creer y ayudar.
B.Lehdad.
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DESCOLONIZAR MENTE Y ESPACIO, CARTOGRAFÍA SAHARAUI

En un aula donde varias personas recibíamos lecciones de árabe clásico, la profesora mostró diferentes diapositivas con mapas de estados árabes para ilustrarnos sobre los límites geográficos de uso de los diferentes dialectos del árabe hablado, contenido supuestamente extraído de alguna unidad didáctica oficial de aprendizaje del árabe. En la lista de dialectos, no figuraba el hassania, pero sí figuraba en una de las diapositivas la delimitación territorial del uso del magrebí o dariya. Era el típico mapa de Marruecos donde el territorio del Sahara Occidental es asimilado ilustrativamente para no existir como nación. Una compañera y yo pudimos interrumpir para explicar escuetamente por qué aquel mapa era incorrecto, intencionalmente político, y además ilegal, a lo que la profesora restó importancia. “Claro, debéis pertenecer vosotras a alguna asociación solidaria”, dijo, sobre nuestra argumentación. Para lo que necesitábamos saber sobre el árabe le debió parecer innecesaria la interrupción.

Más importancia y relevancia, tuvo la honesta actuación del profesor de Derecho Internacional en la UPV, Juan Soroeta, presidente de la Asociación Internacional para la Observación de los DDHH, cuando se dio de baja de la revista National Geographic después de haber solicitado varias veces la corrección de un mapa en el reportaje La agonía de los oasis de Marruecos, que etiquetaba a la excolonia española como parte de Marruecos. Su acción originó una oleada de quejas solidarias que obligaron a pedir disculpas a la revista, obligándoles a justificar su intención de no corregir la cartografía que ilustraba el artículo, porque consideraban era más importante la calidad cartográfica que todo aquello que llevó a tantos lectores y lectoras a considerar que se estaba realizando un blanqueo político en contra del Pueblo Saharaui y a favor de la ocupación marroquí. Fue capaz de utilizar argumentos que por falsos y no ajustados a la ley volvieron a levantar más polémica todavía.
La referencia al Sáhara Occidental como parte de Marruecos y los mapas que utiliza Marruecos en los territorios ocupados, mapas que circulan por redes, revistas, y foros interesados, constituyen un apoyo político a la marroquinización del Sahara Occidental. Presentar el territorio saharaui como una parte de Marruecos está contribuyendo a una percepción falsa de su soberanía. ¡No nos acostumbremos! Cuando se utiliza una cartografía políticamente interesada es necesario contrarrestar con argumentos.

Los mapas, han sido utilizados como armas del imperialismo. La cartografía ha funcionado como herramienta de gestión de los recursos naturales y como poderoso instrumento político en la lucha y reivindicación de los derechos de los pueblos colonizados.
En el estado de Acre, en la Amazonia (siglo XX) la Comisión Pro-Indígena puso en marcha un proyecto “Cartografía Indígena. Descolonizando mente y espacio” para formar a profesores y agroforestales indígenas, basado en la reversión a su favor de un conocimiento que los colonos supieron extraer de los propios indígenas para posteriormente poder expoliar sus territorios. Ahora a través de este proyecto la población indígena se apropia de esa herramienta colonial para revertirla a su favor, y así proteger y reforzar el control sobre su propio territorio. https://americat.barcelona/es/nueva-exposicion-cartografia-indigena–descolonizando-mente-y-espacio
Cierto es aquello de ¡falsea la realidad que algo queda! El origen del conflicto del Sahara por desgracia sigue siendo desconocido para una gran parte de la población que nos rodea. Da igual que aforo sea, un reducido grupo en un aula o una revista de prestigio internacional, se hace necesario siempre rebatir, no conformarse, y dar explicaciones bien informadas. En nuestras manos, en las de las asociaciones que denunciamos las vulneraciones de derechos queda no bajar la guardia, no callar y actuar.
Circula por las redes: “Los virus aprovechan las bajas defensas para propagarse. El colonialismo, el pensamiento único, la asimilación cultural aprovecha la baja cultura para lo mismo”. Nada es inocente, las personas que difunden mentiras podrían serlo, pero por ignorancia.

Por eso, más que nunca, es tan importante llevar a término y mantener proyectos culturales cómo lo ha hecho ya el Bubisher gracias a todo el equipo saharaui que lo sostiene en los campamentos y a particulares y asociaciones que lo apoyamos desde nuestro privilegio de haber nacido en este lado.
Koro Azkona
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BUBISHER, CANDIDATO AL ASTRID LINDGREN MEMORIAL AWARD (ALMA) DE PROMOCIÓN DE LA LECTURA

En abril del próximo año sabremos si Bibliotecas por el Sáhara Bubisher es la organización de promoción de la lectura distinguida con el premio ALMA, el más prestigioso del mundo, tras haber sido presentada por la revista Peonza a la organización sueca, pero nos sentimos ya más que premiados tanto por estar entre los candidatos, como por haber sido propuestos por Peonza, que para nosotros merecería el galardón tras casi cuarenta años de trabajo incesante para dar a conocer la literatura infantil y juvenil. Es emocionante ver al Bubisher entre organizaciones como las 13 bibliotecas palestinas de Seraj y otras de Sudáfrica, Laos, Japón, Indonesia, y un largo etcétera. Y lo es porque tal profusión de proyectos hermanos en todo el mundo, por difíciles que sean sus circunstancias, nos hacen creer aún más en nuestro propósito y nuestra filosofía: que si la palabra nos hace libres, llevarla hasta los campamentos de refugiados del Sáhara contribuye a su libertad y a su futuro, individual y colectivo, tanto como todas las restantes organizaciones. Solo una se llevará el galardón de 2026, pero todas habremos sido premiadas por haber sido nominadas, y seguiremos adelante después. Y eso es lo que importa, y lo que nos importa a todas las bibliotecarias y monitores saharauis, a todos los socios, centros educativos y bibliotecas que creemos en la palabra, y la sembramos entre las jaimas desde hace 17 años.
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CAMINO AL COLEGIO

Tres niñas, tres mochilas, tres árboles. Ha entrado el otoño, es el mes de las moscas. Una brisa suave espanta el calor del verano. La luz ya no hace daño a los ojos y se filtra casi azulada entre las hojas de las acacias. Es temprano y las tres niñas van solas al colegio. Hace un rato los dedos de su madre trenzaban sus cabellos, se posaban amorosamente en sus cabezas para sacudir después las moscas –pesadas, lentas– mientras ve alejarse a sus hijas, apoyada contra la pared de adobe. Las niñas saltan las cuerdas que sujetan las jaimas cercanas, corren por la explanada pedregosa, con restos de bolsas de plásticos, ruedas, papeles. Tienen que cruzar los muros de adobe de la casa que las últimas inundaciones han derruido. Van solas, decididas. Contentas por juntarse con otras niñas y escuchar a la maestra hablar de lo que hay más allá del desierto, más allá de esa línea de arena que se funde, recta, con un cielo amarillo. Azul cobalto al atardecer, negro y luminoso de noche. Vacío. Un muro invisible que las separa del resto del mundo.
Cruzan la casa de adobe destruida, los árboles verdecidos. Quizás una de ellas juegue a que al otro lado de aquellos muros está el mar.
–¿Y cómo es? –pregunta la más pequeña.
–¿El mar? Ahora lo vas a ver.
Y sí, allí está, espléndido y poderoso. Salado. De un azul cambiante tan parecido al cielo que es como el cielo mismo. Entre las tres acercan una barquichuela halando una cuerda. Se suben, reman. La más pequeña no puede cerrar la boca del asombro. Por allá salta un delfín, bajo la madera picotean los peces. Allí, un pescador saca sus redes del agua, chorreando espuma. Más lejos, las gaviotas.
No tardan en llegar a la otra orilla. Bajan y empujan la barca mar adentro. La ven alejarse y el mar desaparece y las gaviotas son ahora molestas moscas que se posan en sus trenzas, en la comisura de sus bocas. La maestra les pregunta por qué vienen tan sofocadas, ellas se ríen. Después, al atardecer, seguirán soñando en las bibliotecas del Bubisher. Allí también hay mares y pájaros. El horizonte cabe en la palma de la mano, dentro de un libro. Ellas lo saben. Y también que un día conocerán ese mar que se abre ante ellas, camino al colegio, en el mes de octubre, el mes de las moscas. Nadie puede con el sueño de tres niñas, eso piensan. Y nosotros las miramos correr dentro de la foto con sus tres mochilas, y no hay mar y está el desierto repleto de basura y los muros derruidos, donde se acumulan los escombros.
Mónica Rodíguez
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LEER ENTRE COSTURAS

La mayoría de las instituciones y organizaciones solo se limitan a un tipo de actividad. Las bibliotecas Bubisher son una excepción. Nuestro espacio está abierto a cualquier idea que mejore la formación de los visitantes, y hoy estamos empezando con un nuevo taller. Se trata de bordado sobre tela, una idea que les gustó mucho a un buen número de jóvenes que se apuntaron a pasar un rato juntas. Cosieron, charlaron, se rieron y se interesaron por la lectura. Puntada tras puntada en la tela, palabra tras palabra en los libros, así es nuestro taller “Leer entre costuras”


Suadu Mahsan, bibliotecaria de El Aaiún
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LA UNIÓN HACE LA FUERZA

El pueblo saharaui celebra este sábado el 50 aniversario de la Fiesta de la Unidad Nacional en un contexto de estancamiento en el proceso de resolución del conflicto en el Sahara Occidental, con una determinación firme de continuar la lucha y la resistencia por todos los medios legítimos bajo el liderazgo de su único y legítimo representante, el Frente Polisario, para lograr la libre determinación. El pueblo saharaui no puede olvidar la fecha del 12 de octubre de 1975, cuando se proclamó la unidad nacional para unir a los saharauis y movilizar a las conciencias de todo el mundo, declarando su lealtad a su organización política, el Frente Popular para la Liberación de Saguia el-Hamra y Río de Oro, «Polisario». El Día de la Unidad Nacional reafirma que la masa saharaui ya tenía, antes del 12 de octubre de 1975, todos los elementos constitutivos de un pueblo: una historia compartida, una lengua, una religión e intereses futuros comunes. Sin embargo, este pueblo no era conocido solo con el nombre de pueblo saharaui en el sentido moderno, y no tenía una organización política unificada que lo liderara como la tiene ahora, cohesionado en un marco de unidad social y política.
Dahdu Mohamed, bibliotecaria de Smara

Hoy es el día de nuestra unión y de la cohesión de todos los saharauis que eligieron su unión para vivir juntos, que eligieron levantar su bandera unidos contra la invasión de su territorio. Viejos y jóvenes, mujeres y hombres civiles y militares, elegimos este día para perpetuar nuestra unidad nacional, que consideramos nuestra fuerza y arma antes que todas las armas. De esta unidad deriva nuestra paciencia y nuestra lucha. Unidos hasta la libertad
Laila Mahfud, bibliotecaria de Auserd

Sáhara Occidental, entre las dunas sin fronteras y los campos de refugiados donde el tiempo parece detenido, cada 12 octubre el pueblo saharaui celebra uno de los momentos más significativos de su historia: El día de la Unidad Nacional Saharaui
Lamina Luali, bibliotecaria de El Aaiun

El 12 Octubre de 1975 fue un día histórico en el que se declaró la unidad nacional integral del pueblo saharaui. En este gran día, se unieron distintos puntos de vista y se clarificó el rumbo hacia el anhelado objetivo de libertad e independencia. Se encontró el crisol en el cual todas las energías nacionales se fundieron para alcanzar objetivos comunes y continuar la existencia después de décadas de colonialismo y sus métodos de división, sembrando discordia y ocultando a los pueblos la comprensión de su realidad. .Bajo la unidad nacional, el pueblo saharaui ha alcanzado grandes avances en muchos ámbitos. Se ha logrado la creación de la entidad estatal saharaui, que representa a todos los saharauis dondequiera que se encuentren. Este Estado irreversible ocupa una posición de prestigio entre los países africanos como miembro fundador, activo y participante en todas las actividades y foros internacionales y corporativos.
En esta fecha se inauguró nuestra Biblioteca Bubisher en El Aaiún, en presencia del Presidente de la República, miembros del Gobierno y varios invitados.
Suadu Mahsan, bibliotecaria de El Aaiún

12 de Octubre el grito de unidad saharaui una nación que resiste el nombre de la libertad
Ayub Sidi, bibliotecario de El Aaiún
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El SUEÑO DE VOLAR

Quizá en el sueño de volar se resuman todos los sueños que aletean por los cielos del corazón humano y se agitan en las profundidades de sus entrañas. El sueño de volar es el vuelo de los sueños, que se sueñan despiertos. El sueño de volar es el sueño que se vuela con las alas de la imaginación. El sueño de volar es el sueño de la libertad.
Entre la población refugiada saharaui es recurrente el sueño de libertad, por más que, después de 50 años de refugio, la imaginación vuele a ras de tierra. Pero, un día, sobrevolando la hammada, dos pájaros de una especie compasiva, desde lo alto divisaron movimiento de personas en espacios vitales limitados. Suspendido su vuelo en el aire, se miraron, se entendieron y, sin decirse ni pío, descendieron para ver a aquellas gentes de cerca. Con los primeros que se encontraron fueron niñas y niños, en cuyos rostros se puso una sonrisa, expresión de la alegría que les temblaba dentro, pues habían oído hablar muy bien de ellos, pero no supieron cómo eran hasta ese momento, ya que no volaban con frecuencia hasta allí. Enseguida se estableció entre ellos un sentimiento de simpatía tal, que los dos pájaros se miraron, se entendieron y, sin decirse ni pío, decidieron quedarse allí, y allí construir sus nidos, a los que estarían invitados cuantos quisieran aprender a hacer realidad el sueño de volar.
Una vez instalados en nidos, tan distintos a los de siempre, también ellos se transformaron de acuerdo con el objetivo de su estancia en ellos, y se hicieron libro con alas policromadas, con las que niñas y niños volarían libremente por espacios también soñados. Como quiera que el número de soñadores en vuelo, aumentó con rapidez, necesitaron ayuda para dirigir los vuelos, y no tardaron en tenerla, pues quienes acudieron compartían el mismo sueño.
Pasó el tiempo, no mucho, y los pájaros volvieron a su ser, se miraron, se entendieron y, sin decir ni pío, alzaron el vuelo. Desde lo alto, suspendido su vuelo en el aire. miraron hacia abajo y se felicitaron por la obra buena, bien hecha. La habían dejado en buenas manos. Nadie interrumpiría los sueños de volar.
Fernando Llorente
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DÍA NACIONAL DE LA JAIMA:

Se destaca el papel de la jaima como símbolo de la construcción de la unidad y la cohesión del pueblo saharaui frente a las ambiciones coloniales.
El pueblo saharaui celebra 10 de octubre, el Día Nacional de la jaima. Reviste especial importancia, porque la jaima es el símbolo de la identidad, cohesión y resistencia de nuestro pueblo, frente a las ambiciones coloniales.
La jaima saharaui es refugio, hogar, lugar de encuentro y espacio que guarda nuestra historia de lucha por recuperar nuestra tierra.
Desde la Biblioteca Bubisher en la Aaiún, os dejamos una sencilla muestra de las actividades que hemos realizado para demostrar la importancia de este día.


Equipo Bubisher Aaiún
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PÁJAROS EN LA CABEZA

Escribir es un acto tan humano, tan nuevo en la historia de la humanidad, que a mí me parece un acto de auténtico amor.
Kaltum, traza con tanto cuidado y esmero las letras de ese alfabeto tan bello como difícil, que tanto esfuerzo le cuesta pero que tanto le gusta. Es en ese jardín de la biblioteca del Bubisher donde busca refugio y se aísla del siroco que azota la jaima y del calor del desierto que amenaza en gran parte del año, es donde escribe mientras sueña, luego escribe y vuelve a soñar.
Su lápiz es pequeño, casi cuesta cogerlo, su concentración es máxima y el pájaro Bubisher, le revolotea por su cabeza.
Son las historias leídas, las leyendas oídas, de su abuela, las que la inspiran.
Escribe para aprender, sabe que requiere esfuerzo. Escribe para dejar huella, sabe que su pueblo lo precisa. Escribe para recordar, frente a la tradición oral de su pueblo. No quiere que nada pueda acabar con su esencia con su identidad.
Escribe para contar al mundo su odisea.
Kaltum, no escribía para sentirse libre, pero sí se sentía libre cuando lo hacía.
Dejar rastro escrito, dejar esas marcas reconocibles por la comunidad alfabetizada la empoderaba, le hacía sentir algo grande, una privilegiada.
Ya imagina la sonrisa que pondrá su abuelo cuando sepa que sabe leer y escribir el hassanía.
Y mientras escribe espera la lluvia.
M José Irigaray
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PONERSE DE PUNTILLAS

Ponerse de puntillas para tratar de alcanzar lo que está lejos. He ahí uno de los aprendizajes de la vida. No sé si el más importante, pero sí uno de los que más importan, porque ir más allá de lo cercano -de lo que estamos acostumbrados a oír todos los días, de lo que vemos continuamente desde el alba hasta el anochecer, de lo que siempre huelen nuestras narices tan pegadas a nosotros mismos, de lo que habitualmente nuestra lengua saborea y gusta, de lo que nuestras manos (el cuerpo entero) tocan con el resignado gesto de atenerse a lo reconocido-, es buscar fuera del estrecho cerco que nos rodea la incertidumbre, la sorpresa, todo lo extraño que también nos conforma.
Tratar de ir más allá de lo que alcanzamos con la punta de los dedos, es lo que nos hace crecer. Así, los primeros pasos que damos fuera de la necesaria protección de la familia, hacen que nos encontremos con los amigos de siempre jamás; las palabras que salen por nuestra boca cuentan lo que no vemos ni está presente; el grito de rabia, de alegría, de dolor o de auxilio se agarra a la cola del viento que nos acaba de rozar la cara; la mano que estiramos para alcanzar el libro que está en el estante de arriba busca, en lo casi inaccesible, aquella historia que alguien imaginó para nosotros, el cuento que nos ayudará a seguir creciendo como mujeres y hombres.
Y lo mismo ocurre con la sociedad y los pueblos. Si nos acomodamos en la contemplación de la única y continua visión de lo que acontece dentro de nuestras fronteras, y no nos atrevemos a ponernos de puntillas para alcanzar con nuestra mirada la mirada del otro, nunca podremos crecer, ni como sociedad ni como pueblo ni como nosotros mismos.
Marcelo Matas de Álvaro
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Leila, la L de la revolución.

Vivimos tiempos de calles llenas, de pasos que resuenan como tambores antiguos y de manos que levantan pancartas . Tiempos en que la palabra se hace viento, la multitud se hace voz y la esperanza terca y luminosa vuelve a caminar por las calles.
Y reflexionando esto, he recordado a Leila, una niña que soñaba con cambiar el mundo.
Leila vive en medio del desierto, donde el viento canta entre las dunas y el sol parece no tener fin. Su pueblo, el saharaui, está hecho de arena, de Jaimas que resisten las tormentas y de historias que el tiempo no logra borrar.
Leila no tiene juguetes de colores, pero tiene el cielo más grande del mundo y la imaginación más libre que se pueda tener.
Cada mañana, Leila dibujaba letras en la arena con un palo. Escribía R, E, V… hasta que llegaba a la L, y se detenía susurrando .
Yo soy la L. La L de Revolución.
Nadie entendía qué quería decir. Sus amigos se reían pensando que era un juego. Pero Leila sí lo sabía. La L era la letra que levanta, la que lucha, la que late. Era la letra de luz, de libertad, del latido de un pueblo que no se rinde.
Leila, sabía que las letras también pueden ser armas, que las palabras pueden cambiar el mundo.
Su voz empezó a recorrer el campamento, luego las dunas, luego los sueños. Ayudaba a los ancianos a traer agua, enseñaba a los más pequeños a leer, contaba historias bajo las estrellas. Su voz era suave, pero su espíritu ardía como el sol del mediodía.
Y poco a poco, los demás empezaron a entender:
que la revolución no siempre llega con gritos ni banderas,
sino con las manos que siembran,
con las palabras que enseñan,
con los sueños que se niegan a morir.
En la arena del Sáhara, el viento borraba muchas cosas, pero nunca borraba su letra.
Allí, brillando entre las dunas, quedaba la L.
La L de Leila.
La L de la luz.
La L de la revolución
Cándida Santiago
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CARTA DE UN JOVEN SAHARAUI A LA JUVENTUD MARROQUÍ

Nunca me dirigí a vosotros y vosotras así, de forma directa. Entre nosotros siempre se han levantado muros, muros de propaganda, de odio y de silencios. Pero hoy, viendo cómo tomáis las calles, cómo levantáis la voz contra la injusticia que os asfixia, siento la necesidad de hablaros.
Soy saharaui. Nací en el exilio, en el refugio al que vuestro Estado nos condenó. He crecido viendo a mi pueblo sobrevivir en medio de la arena, sosteniendo una causa que nunca dejó de sangrar. He visto a los míos caer bajo la represión marroquí, torturados, encarcelados y desaparecidos en las zonas ocupadas por vuestro régimen. He visto a mis hermanos de las zonas ocupadas gritar su libertad mientras la bota de la ocupación les rompía los huesos.
Y, aun así, hoy os escribo no con odio, sino con una sinceridad que nace de la verdad, esa verdad que siempre nos caracterizó a los saharauis. Vosotros, también sois víctimas.
Víctimas de un régimen que os roba el pan, que os roba la voz, que os roba hasta el futuro. Un régimen que os educó en el nacionalismo vacío, que os vendió la ocupación de mi tierra como un triunfo, mientras vaciaba vuestras ciudades de oportunidades y vuestras casas de dignidad. El mismo poder que os obliga a emigrar, que os utiliza como arma política contra España, contra Argelia, contra Europa… El mismo régimen que convierte la pobreza en rutina y la corrupción en paisaje, es el que mantiene a mi pueblo encadenado.
Vosotros, también sois víctimas de un régimen que os educó en el nacionalismo vacío, que os vendió la ocupación de mi tierra como un triunfo
No somos enemigos. Somos reflejo uno del otro, jóvenes sin futuro bajo un sistema podrido que solo sabe enriquecerse a costa de nuestra sangre y de vuestra lealtad, en muchos casos impuesta.
Os lo digo con toda claridad, la causa saharaui no es la raíz de vuestros males. No es el problema que os condena. Es la excusa con la que se os distrae. Mientras os dicen que “el Sáhara es la causa sagrada”, os roban el salario, os venden a las multinacionales, os obligan a callar.
Nuestro líder El Uali Mustafa Sayed lo advirtió hace ya medio siglo, en su discurso histórico El Africano de Naciones, “El pueblo saharaui no solo lucha por liberar su tierra de la ocupación marroquí, sino también al pueblo marroquí del régimen alauí”. Aquellas palabras siguen vivas hoy, quizá más que nunca, porque vuestra rebelión confirma que ese régimen os oprime igual que a nosotros.
Hoy, cuando os levantáis, no estáis solos. Hay ojos saharauis mirándoos con respeto, con atención, con la certeza de que toda grieta en el muro del régimen es también una grieta en nuestra cárcel.
El pueblo saharaui no solo lucha por liberar su tierra de la ocupación marroquí, sino también al pueblo marroquí del régimen alauí
Sé que entre vosotros habrá quienes sigan repitiendo lo que os han enseñado, que los saharauis somos traidores, que somos invento de Argelia, que somos una amenaza, peligrosos terroristas que amenazan “la unidad del reino”. Pero os invito a mirar más allá de esa mentira. Nosotros no somos vuestro enemigo. Somos la prueba de hasta dónde puede llegar la brutalidad de ese Estado que también os aplasta a vosotros.
Yo os hablo desde la herida, pero también desde la esperanza. Porque si una generación como la vuestra, la generación Z, criada en el desencanto y en la rabia, decide levantarse, tal vez estemos más cerca de ver caer un sistema que nos roba a todos.
Vosotros gritáis contra la corrupción, contra la represión, contra un futuro que no llega. Nosotros llevamos cincuenta años gritando lo mismo
Vosotros lucháis por pan, por libertad, por justicia. Nosotros también.
Vosotros gritáis contra la corrupción, contra la represión, contra un futuro que no llega. Nosotros llevamos cincuenta años gritando lo mismo.
Quizá algún día, más pronto de lo que creemos, nuestras voces se encuentren. Y entonces, el poder que hoy nos divide temblará de verdad.
Hasta entonces, os miro de frente y os digo, resistid. No os rindáis. Recordad que la dignidad, una vez que despierta, no vuelve a dormirse.
Con respeto y con verdad,
Un joven saharaui
Taleb Alisalem (Campamentos de refugiados de Tinduf, 1992) es activista saharaui. @TalebSahara
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DÍA MUNDIAL DEL DOCENTE

Para aquellos que nos dieron tanto sin esperar nada.
Para quienes ayudaron en construir nuestras personalidades, conocimientos, vidas, sociedad y pensamientos.
Para quienes dejaron que fuéramos capaces de entender el mundo, de saber escribir, leer y diferenciar lo importante y hasta conocer lenguas nuevas, a pesar de nuestras duras circunstancias
Para los que, como yo y los de mi generación, les debemos poder escribir y leer estas letras ahora.
Por las y los que dieron y dan su tiempo y esfuerzos para hacer que no nos sentimos menos que los demás niños del mundo, a pesar del asilo. Y sin esperar tarifas.
Gracias y mil Gracias a nuestr@s refugiad@s profesores y profesoras
Laila Mahfud, bibliotecaria de Auserd

Porque son los que alimentan las mentes y las ganas de crecer con la cultura, y porque de ellos heredamos la esperanza en el futuro, el diccionario rebosa de términos que definen su generosidad. La comunidad saharaui ha estado sometida a duras condiciones, pero no ha abandonado la educación de los niños y niñas en las escuelas y de las y los adolescentes en los institutos. Sí, no llevamos balas, llevaremos bolígrafos para erradicar la ignorancia y proteger a la sociedad del analfabetismo. Por eso los docentes son tan importantes en nuestras vidas, porque sin educación, la sociedad estaría ciega. Gracias a todo el profesorado saharaui que, a pesar de los 50 años de exilio han mantenido la enseñanza como uno de los pilares de nuestra sociedad.
Suadu Mahsan, bibliotecaria de El Aaiún

En el Día Mundial del Docente, que se celebra el 5 de octubre de cada año, rendimos homenaje a quienes han formado generaciones de niños, niñas y adolescentes; a quienes han sido y son un faro de conocimiento y un modelo a seguir que queda grabado en la memoria de cada estudiante. Con su presencia, la moral se eleva y las naciones florecen, ya que dedican su vida a plantar las semillas del conocimiento y a sentar las bases para construir las generaciones del futuro que guiarán al país con su sabiduría y cultura. Son quienes iluminan las mentes y arraigan valores sólidos en las almas, siendo el pilar fundamental en la construcción de las naciones. Para vosotros, queridos docentes, todo nuestro respeto y admiración. Que Dios os mantenga como un faro que ilumina los caminos de nuestra nación.
Dahdu Mohamed, bibliotecaria de Smara
Los maestros y las maestras son educadores que inspiran, guían y moldean el futuro de sus alumnos y alumnas dejando una huella imborrable en todos ellos a través de su vocación.
¡Feliz día del docente!
Marmada Alien, bibliotecaria de Dajla
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ME GUSTA LA FRUTA

¡Qué sano es comer fruta, cuántas vitaminas! A,B,C y K, todo un alfabeto de ellas. Pero las frutas de los niños del BUBISHER son especiales: una es una mezcla de melón, naranja y galleta María, riquísima, le proporciona al niño una mirada inocente y traviesa a la vez, como si estuviera pensando solo me queda una, y me la voy a comer yo solito. La otra, en cambio, es una fruta muy especial, es una fruta grande y muy refrescante, muy jugosa y dulce, llena de agua, baja en calorías y rica en vitaminas A y C, en potasio y antioxidantes. Y tiene una propiedad muy especial, casi mágica, se puede comer pero también se puede pensar, soñar, dibujar y llevar como bandera, tiene el don de la solidaridad; cuando una la ve, con esos colores tan vivos, nos recuerda lugares donde la fruta está prohibida. Bueno, la fruta y la vida. La niña que sonríe con esa rodaja mágica de sandía es hermana de todas esas niñas palestinas que ya no pueden comer sandía. Su sonrisa es para los que cortan la fruta cuando está en su máximo esplendor como una advertencia, les está diciendo a esos hijos de la gran fruta que su energía y sus ganas de vivir se las han transmitido todos esos niños y niñas palestinas con las que comparte sandía y bandera, les está desafiando a seguir sonriendo a pesar de todo, a convertirse en una mujer capaz de todo, a seguir dibujando sandías y soles, y flores, y mañanas sin genocidas ni asesinos de niños. Con un cuento y una sonrisa como fusil; la munición está en nuestras bibliotecas.
Tengo yo un conocido en Portugal que me ha dicho que en nuestras bibliotecas, junto a los jardines, se refugia la utopía.
Tengo yo también una conocida en Madrid a la que le gusta mucho la fruta, pero está podrida. No precisamente la fruta.
Javier Bonet
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LUZ DE LUNA EN EL REFUGIO

Lo observaba cada noche de luna llena. A medida que avanzaba en su trayectoria, oscureciendo las estrellas, la wilaya se iba iluminando hasta que, ya alcanzada su posición en la alta noche, su luz, por más que prestada, envolvía dairas y barrios y se fijaba en ellos, como si se mirara en el espejo de la tierra y le gustara lo que veía, como si se gustara, hasta el punto de que llegaba a ver que la luz venía de lo alto y la tierra la absorbía para proyectarla desde abajo y crear un ambiente onírico, el aire soplando suave, nebulosa traslúcida, vía láctea terrenal de polvo blanco de arena.

Una noche de luna salí del beit y creí haber salido al día, tanta luz desprendía la tierra, tan transparente el aire, tan luminoso el ambiente, una suerte de luz celestial que espiritualizaba los cuerpos de dos personas, dos mujeres, que habían salido antes. Una estaba sentada en suelo duro, que la luz de luna transfiguraba en nube; la otra, de pie, parecía bailar, a punto de levitar. A las dos vi flotar en la luz de una luna, que desde el cielo se compadecía con espíritus de carne y hueso que sufrían el infierno. Creí formar parte de una ilustración animada de uno de los cuentos que niñas y niños leen y viven en las bibliotecas Bubisher. Fue un momento mágico, misterioso, místico. A plena luz de luna.
Fernando Llorente
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ERA SOLO UNA NIÑA

Ella quería jugar.
Jugar a la rayuela.
Para jugar a la rayuela, dice Cortazar: sólo hace falta una piedra, un dibujo en el suelo y una punta de zapato.
Jugar en la arena mirando al cielo.
Mirando al cielo, imaginaba,
eso era pura fantasía.
Mirando al suelo, era todo arena,
el viento al rato borraba el dibujo,
eso era pura realidad.
Ella quiere seguir jugando.
Ahora necesita algo más.
Ella necesita su mar.
Ella no se va a rendir,
No se va dejar vencer por la arena,
ni por el viento,
ni por las dunas,
ni por el sol,
ni por los años.
Ella necesita un mar.
En la mar de arena no se abandona a nadie.
M José Irigaray
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LA VIOLENCIA EN EL DÍA DE LA NO VIOLENCIA

Mientras redactamos esta nota, soldados armados asaltan naves contra activistas desarmados. Y lo hacen en aguas internacionales, con el silencio acobardado y vergonzoso de los estados a los que pertenecen los activistas. Nunca tuvo tanto sentido conmemorar el día que hoy se conmemora, y que sigue siendo la mejor herramienta para luchar contra las injusticias institucionales. Lo entendió Gandhi, que con la no violencia derrotó al imperio británico. Lo entendió Aminetu Haidar, que con su huelga de hambre derrotó por vez primera en 50 años al estado invasor del Sáhara. Y los activistas de la flotilla Sumud (Perseverancia), en este momento detenidos y humillados, también están ganando, pese a lo que puedan o quieran creer los violentos. Y la mejor no violencia es el conocimiento. Nos sentimos orgullosos en el Bubisher de celebrar 365 días al año el de la no violencia y la cultura, para ganar la más importante de las guerras: la cultura. La única que rompe cualquier cadena, que ciega el cañón de cualquier arma. Hoy y siempre, sigamos.
Gonzalo Moure
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DÍA INTERNACIONAL DE LA MÚSICA

Hoy, 1 de octubre, celebramos el Día Internacional de la Música, un arte universal que ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes. Nuestro reconocimiento y felicitación van para quienes son padres y guardianes de este arte inmortal, capaz de unir corazones, transmitir emociones y despertar conciencias.
En el Sáhara Occidental, la música es más que un adorno cultural: es una esencia vital. Por la tradición bidani, cada momento de la vida cotidiana saharaui está impregnado de canto, de poesía, de tambores, de tidinit, de etbal y de la fuerza de las voces que resuenan en jaimas, bodas, bautizos, aniversarios.
Durante la colonización y la ocupación, el pueblo saharaui, con el Frente Polisario a la cabeza, convirtió la música en un arma poderosa contra la opresión. Hizo de ella una trinchera cultural y política que sensibilizó, unió y dio esperanza. Canciones de resistencia, himnos de libertad y melodías de nostalgia mantuvieron vivo el espíritu de un pueblo que nunca se rinde.
Antes de que las guitarras y las voces se alzaran, estuvieron los poetas saharauis; guardianes de la palabra, cultivadores de versos que dieron raíz a la canción. Gracias a ellos, la poesía se transformó en música y la música en bandera de identidad y resistencia.
La voz inconfundible de Mariem Hassan, el grupo «chahid Luali», las cuerdas vocales, combativas de Nayim Alal, la fuerza poética de Aziza Brahim y tantos otros cantautores y grupos saharauis han tejido un repertorio que viaja del haul tradicional a las fusiones con blues, flamenco, rock, reggae o rap, mostrando la riqueza de una cultura que no se deja silenciar.
Y hoy, en este homenaje, también se suman repartidas a lo largo y ancho de los campamentos de refugiados saharauis las bibliotecas Bubisher, porque cada libro que abre una niña o un niño en los campamentos de refugiados saharauis es también música: música de palabras, de sueños y de libertad. Bubisher canta a su manera, con páginas en lugar de notas, con historias en lugar de acordes, pero con la misma melodía de esperanza.
Por eso, en este Día Internacional de la Música, celebramos a los poetas, a los músicos, a los lectores y a todos los que, con sus voces, sus instrumentos o sus libros, mantienen viva la canción infinita de la dignidad humana.
La música es libertad, y el pueblo saharaui canta para nunca dejar de ser libre.






