
Todo comenzó con un anuncio de trabajo que, al principio, no tomé demasiado en serio. Hacía poco tiempo que había regresado de una experiencia laboral exigente que me dejó con una sensación de agotamiento profesional, por lo que volver a trabajar no formaba parte de mis planes para ese invierno.
Sin embargo, pensé en algo importante: no debemos olvidar los campamentos ni a nuestros niños y niñas. Además, esta oportunidad estaba relacionada con los libros y con un lugar que había formado parte de mi vida desde que tenía apenas ocho años. El Bubisher no era un espacio desconocido para mí; era un lugar que me había acogido durante mi infancia, donde descubrí historias, conocimientos y una pasión por la lectura que me acompaña hasta hoy.
Los comienzos no fueron fáciles. Adaptarme a las responsabilidades diarias y a los retos del trabajo requirió esfuerzo y constancia. Pero poco a poco, las risas de los niños comenzaron a llenar la biblioteca. Ver cómo regresaban cada día, cómo desarrollaban cariño por los libros y cómo encontraban en ese espacio un lugar seguro y agradable, se convirtió en una fuente de motivación. Su entusiasmo era suficiente para levantarme cada mañana y abrir las puertas de la biblioteca con ilusión.
A lo largo de este año intenté aprovechar cada oportunidad para leer, aprender y compartir. Leí tantos libros como me fue posible y hablé de la biblioteca en las redes sociales porque considero que merece ser conocida y valorada. Creo firmemente que una biblioteca no es solo un lugar para guardar libros; es un espacio que acoge la curiosidad, alimenta las preguntas y ofrece oportunidades de crecimiento tanto a los niños como a los adultos.

Esta experiencia me permitió devolver una pequeña parte de todo lo que la biblioteca me ofreció cuando era niña. También reforzó mi convicción de que la lectura y la cultura pueden generar cambios reales en las personas y en la comunidad, incluso en contextos donde los recursos son escasos.
Gracias, bubisher . Desde 2011 hasta hoy, me has abierto tus brazos y has acogido tanto las travesuras de mi infancia como los sueños y las aspiraciones de mi juventud.
Mimi Hama, bibliotecaria Bubisher de Smara






