MAMMA MÍA

Cuando me despierto, ella ya lleva tiempo levantada. Me sonríe y sigue haciendo mil cosas, doblando mantas, preparando el té, poniendo la leche a calentar, buscando la ropa que hoy tengo que ponerme para ir al colegio… Su melfa se mueve de un cuarto a otro como un pájaro en pleno vuelo.

Yo creo que mi madre lo sabe todo, que es capaz de prever una tormenta de arena, de entender lo que dicen a las cabras que tenemos en el corral, de buscar la forma de protegernos del frío del invierno y del calor insoportable del verano, de consolarnos siempre. Conoce todos los secretos del desierto y dice la abuela que los ha ido aprendiendo desde que nuestra familia tuvo que abandonar nuestra tierra y que yo también los iré aprendiendo.

Por la noche, antes de que nos durmamos, nos cuenta historias del Sahara Occidental. A veces noto que se pone triste y cuando le pregunto por qué, me mira y mira a mis hermanos y nos dice que tenemos que recordar siempre quienes somos, que nunca olvidemos nuestras costumbres, nuestra lengua y nuestra historia. Yo todavía no lo entiendo muy bien, pero sé que ser saharaui es un orgullo y he aprendido que, más allá de los campamentos, el Sáhara Occidental de sus historias existe y nos pertenece.

Por las mañanas, me lleva al colegio y su mano cogiendo la mía me da seguridad y siento una alegría enorme y un deseo profundo de tenerla siempre a mi lado.

Mi madre es maravillosa.

Mariam Mohamed

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