
(Elegía a Tomás Bárbulo).
B. Lehdad.
Hay hombres que nacen en una tierra y terminan perteneciendo también a otra. No por la sangre, sino por la memoria; ni por el origen, mas por la lealtad.
Hoy ha partido Tomás Bárbulo. Y con él se apaga una de las voces más honestas y valientes que España ha dado para contar la tragedia del Sáhara Occidental.
Para muchos saharauis,Tomás fue mucho más que un periodista o un escritor. Fue un hijo adoptivo del desierto. La adolescencia que vivió en El Aaiún lo unió para siempre a una sociedad que aprendió a conocer antes de escribir sobre ella, a comprender antes de investigarla y a querer antes de defenderla con la fuerza serena de la palabra. Nunca dejó de ser, para muchos de nosotros, uno más de los nuestros
Cuando muchos preferieron el silencio, Tomás eligió la verdad. Comprendió que hay historias que algunos intentan prohibir no porque sean falsas, sino porque resultan demasiado incómodas,, y por comprometedoras.
Por eso, al conocer hoy su muerte, el título de una de sus obras deja de ser únicamente el nombre de un libro para convertirse en la mejor definición de su legado. La historia prohibida del Sáhara Español ya no podrá prohibirte a ti, hermano. Permanecerás en cada lector que descubra aquellas páginas, en cada joven que se pregunte qué ocurrió realmente y en cada conciencia que se niegue a aceptar que el olvido pueda escribirse como versión oficial de la Historia.
Tu vida recordó a muchos españoles que el Sáhara no era una nota al pie de un libro, sino una parte de su propia historia. Y nos recordó a los saharauis que todavía quedaban voces al otro lado del mar dispuestas a escuchar, investigar y contar.
Hoy el periodismo pierde una voz rigurosa y la literatura una pluma comprometida. El pueblo saharaui pierde también a un hijo leal, a un testigo de excepción y a uno de esos pocos españoles que comprendieron que la verdad nunca prescribe.
El Sáhara sabe guardar silencio, pero también sabe reconocer a quienes nunca lo traicionaron. Hoy una jaima está de luto; una biblioteca pierde a uno de sus más fieles defensores; y la memoria del Sáhara despide a uno de sus narradores más honestos.
Descansa en paz, Tomás.
Los hombres mueren; las palabras, cuando nacen de la verdad, siguen caminando. Y mientras exista alguien dispuesto a abrir uno de tus libros, la historia prohibida seguirá encontrando el camino para dejar de serlo.






