Imaginamos que esa niña está enseñando, en otro idioma que no es el suyo materno, a decir el nombre de las cosas a un grupo de niñas y niños que la están escuchando junto al camión. En este caso asocia la imagen de una gallina a la palabra que la nombra y el dibujo del gallo que está bajo la sombra de un árbol a una frase que la describe y que los oyentes tienen que aprender a decir con su sujeto, verbo y predicado. Así se pasa de la palabra a la frase, pero después la niña mostrará la lámina que está debajo de la que ahora presenta para continuar enseñando otras palabras y otras frases. Y después otra lámina. Y otra. Y otra más hasta llegar al final.
Al final del cuento, claro, porque la niña solo enseña palabras y frases y más palabras y más frases para contar un cuento. Quizá aquel que dice que “Una gallina que picoteaba en la arena del desierto se encontró con un gallo que se refugiaba del sol bajo la sombra de un árbol. La gallina le pidió al gallo que, por favor, le hiciera un sitio a su lado porque ya no aguantaba más el ardiente sol del desierto. El gallo le dijo que sí, pero que a cambio tenía que darle un grano de los que ella picoteaba en la arena. La gallina le contestó que bajo el sol ardiente ya no había granos y que sólo podría quedar alguno debajo del árbol. Entonces el gallo la invitó a que buscara los granos en la sombra que le cobijaba. Así hizo. Se refugió junto al gallo y se puso a picotear hasta que encontró un grano. Enseguida cumplió lo pactado y le dio el grano al gallo, pero éste, después de metérselo por el pico, le dijo que quería más. La gallina le respondió que ya no había más y que para que nacieran más granos deberían hacer un trato. El gallo le dejaría la sombra del árbol para que ella plantase allí un grano que aún guardaba en la húmeda cavidad de su pico. Así fue cómo la gallina y el gallo unieron lo que cada uno tenía para que la planta creciera y llenara de granos la arena del desierto”.
Marcelo Matas de Álvaro







