
No vemos la jaima, pero podemos imaginar que estas tres niñas están sentadas delante de su entrada. Han terminado de desayunar y la niña de la izquierda ni siquiera se ha cambiado el pijama.
Están cómodas sobre la fina arena. La arena es mesa, silla, alfombra, patio y lugar de recreo. En el Sáhara decimos «trab rahma«, es decir: que la tierra es misericordia y compasión; también, viendo a estas niñas desenvolverse sobre ella, es gracia y ternura. Y qué tierna es esta imagen donde la tierra se vuelve como una especie de alfombra mágica.
Cuando se tomó esta foto, parece que las tres niñas ya llevaban un buen rato jugando. En la arena hay repartidas cartas con dibujos coloridos de personajes: un rey, una reina, un juglar, armas y partes de un castillo. Las niñas sostienen y organizan pequeñas tarjetas blancas con palabras en castellano: «puente levadizo», «caballero» o «escudo». En la parte inferior de la foto se ve una estructura que representa la fachada de un castillo, con detalles de una bruja en una ventana, guardias en la entrada y un ¿fantasma?
¿Han estado ellas en algún castillo medieval? Me encanta cómo la arena se convierte en el escenario perfecto para que las niñas exploren ese mundo de caballeros, damas y castillos. Las tres niñas levitan, juegan y aprenden historia, resuelven problemas y trabajan en equipo. Educar, muchas veces, es simplemente jugar.
Liman Boisha






