GANAREMOS

 

Seguro que ganaremos, no sé si a los puntos o al K.O., pero ganaremos.

Mirad la foto que ilustra este artículo: un ring de boxeo, ropa, unas toallas y unos guantes colgados de las cuerdas, y entre los diferentes posters hay uno que me llama la atención, el de Muhammad Ali, el gran Cassius Clay.

Este boxeador nunca se rindió, ni en el cuadrilátero ni en la vida: no solo combatió a Foreman o a Frazier, luchó por una sociedad norteamericana más justa, levantó con vehemencia su bandera antirracista, llevó con orgullo su religión ante las críticas, defendió sin armas su derecho a no ir a la guerra, hizo tambalear a la enfermedad mientras él mismo se tambaleaba. Y así se le reconoció en todo el mundo. Muhammad Ali se erigió como una figura de enorme influencia social. En 1966 decía: Pregunten todo lo quieran sobre la guerra de Vietnam, siempre tendré esta canción: “No tengo problemas con los Vietcong… porque ningún Vietcong me ha llamado nigger”. Su osadía le transformó en héroe e icono del internacionalismo. Ali entendía que para ser grande necesitaba de una fuerza exterior, que si peleas por ti mismo, eres tú contra los demás, y esto te motiva.

La foto está tomada en un gimnasio del campamento de Smara, muy cerquita de nuestro Bubisher.

Ellos tienen guantes, nosotros tenemos libros, otros tienen armas.

Ellos tienen posters de Alí, nosotros tenemos al erizo del cuento y al  niño de luz de plata, otros tienen drones mortíferos.

Ellos tienen protectores para su boca, nosotros contamos con la solidaridad de nuestros amigos, otros tienen amigos siniestros.

Ellos y nosotros vivimos en un cuadrilátero, otros necesitan un muro para sobrevivir, pero nuestro cuadrilátero puede convertirse en algo más grande y poderoso, puede derribar muros con puñetazos de cultura y convertir una excesivamente larga velada de boxeo que ya dura cincuenta años en una agradable velada a la luz de la luna en las playas de una Dajla liberada.

Aunque a veces parezca que nos tambaleamos, al igual que los de nuestro hermano Muhammad Alí, nuestros pies siguen firmes, aferrándose a unos principios de los que nadie nos va a mover. Mano con mano nosotros, puño con puño ellos.

Javier Bonet

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