SOL y sol


Hay días en los que uno descubre que la vida tiene una manera muy particular de comenzar. A veces comienza con la salida del sol. A veces comienza en una plaza. Y a veces comienza en medio del desierto, sobre una alfombra extendida en la arena.
Y es que, en Sol nació algo. Allí, en aquella plaza de Madrid, nació el 15M. Y no sé si fue casualidad que aquel movimiento eligiera precisamente Sol como lugar de encuentro. Porque Sol es luz, pero también es comienzo. Allí se juntaron personas que hasta entonces caminaban cada una por su lado y descubrieron que juntas podían hacerse preguntas, compartir sueños y reclamar un lugar para la esperanza.

Y quizá la vida de Carmen también tenga algo de eso. Porque hay vidas que no nacen solamente cuando venimos al mundo. Hay vidas que vuelven a nacer cuando encuentran un lugar, una persona, una mirada o un momento que las hace continuar. La vida de Carmen se engendró también en Sol. No solamente como un lugar físico, sino como ese punto en el que distintas vidas se cruzan y, al cruzarse, empiezan a cambiarse unas a otras.

Y mientras tanto, muy lejos de aquella plaza, en los campamentos de refugiados saharauis, el sol también sigue haciendo su trabajo. Sale cada mañana sobre la arena y, cuando parece que solamente hay desierto, aparecen los niños. Se juntan, se sientan sobre una alfombra y, durante un rato, aquella inmensidad deja de parecer vacía.

Miren esta fotografía. Un grupo de niños, una mujer, una alfombra y alrededor de ellos la inmensidad del desierto. No hay paredes, no hay estanterías, no hay una biblioteca como nosotros solemos imaginarla. Y, sin embargo, allí hay vida. Hay palabras. Hay historias. Hay imaginación. Hay futuro.

Y entonces pienso que quizá el Bubisher también es Sol. No solamente porque llega con la luz del día, sino porque, como aquella plaza de Madrid, es un lugar donde las personas se encuentran. Y también es sol, con minúscula, porque ilumina allí donde parece que solamente existe la oscuridad de la espera, del exilio y del desierto. El Bubisher lleva libros, sí, pero también lleva luz. Y cuando lleva luz, ilumina la vida.

Por eso me gusta imaginar que el Bubisher canta cuando sale el sol. Canta cuando un niño abre un libro. Canta cuando otro escucha una historia. Canta cuando una alfombra extendida sobre la arena puede convertirse, por un momento, en una biblioteca sin paredes.

Sol fue un lugar donde la gente se encontró. El sol es aquello que ilumina y hace posible la vida. Y el Bubisher puede ser las dos cosas al mismo tiempo: un lugar de encuentro y una luz que llega hasta los niños saharauis.

Porque quizá la vida siempre empieza de una manera parecida: alguien enciende una luz y otros se acercan a ella.

Ocurrió en Sol.
Ocurre bajo el sol.
Ocurre con el Bubisher.
Ocurre en una vida.

Y quizá por eso, cuando mañana vuelva a salir el sol, no será solamente otro amanecer.

Será otra oportunidad para que la vida vuelva a comenzar.

B. Lehdad.

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