LA RISA, ASIGNATURA OBLIGATORIA

En la abadía benedictina de Umberto Eco estaba prohibida la risa. En nuestras bibliotecas, es asignatura obligatoria, es nuestro uniforme de trabajo.

Pregunta Fray Guillermo de Baskerville a Jorge, el monje ciego encargado de la biblioteca:

 _ ¿Por qué este libro es precisamente tan peligroso?

El viejo contesta: – Porque es de Aristóteles y va a hacer reír.

Baskerville replica: – ¿Qué hay de inquietante en el hecho de que los hombres puedan reír?

Y el fraile: – La risa mata el miedo, y sin miedo no puede haber fe. Aquél que no teme al Demonio no necesita más de Dios.

La risa mata el miedo, la risa es peligrosa, claro que es peligrosa, por contagiosa y por incontrolable y, por tanto, revolucionaria. Jorge y los poderosos prefieren su orden, aquello que puedan controlar, que no se escapa a lo establecido  por sus leyes, muchas veces injustas e inhumanas. Me podrán tener esclavizado y sometido pero no van a entender jamás que yo pueda sonreír. Y no van a tolerar esa insolencia, como si la sonrisa, la risa, les sacase de sus casillas y pensasen que si estos se ríen, algo están tramando, no pueden estar felices mientras les estamos machacando.

Esa risa, en forma de sonrisa o carcajada, es el combustible que hace funcionar todo nuestro proyecto Bubisher: desde el más pequeñajo que observa sorprendido y risueño todo lo que ve a su alrededor hasta la última voluntaria que  ha recorrido miles de kilómetros para leerle un cuento, todos saben que las cosas son más fáciles con una sonrisa en los labios, y nosotros sabemos que ahí radica precisamente nuestra fuerza: los amigos del intransigente monje ciego no pueden entender cómo en pleno desierto hay cinco factorías que producen risas a destajo, que hacen que el sonido de la carcajada llegue hasta las playas del Atlántico.

Por eso, cantemos con Olga y Manuel, que la risa de nuestros niños y niñas siga alzando su cascada de espuma y sea la rosa de su patria sonora, esa espada fresca en las horas oscuras, el agua que de pronto estalla en su alegría.

Quítame el pan si quieres, quítame el aire, pero no me quites tu risa, porque me moriría.

Mejor no se puede expresar. Gracias, Neruda.

Javier Bonet

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