LA ESPERA

El pueblo saharaui tuvo que huir de su tierra en 1975 hacia el área de Tinduf y en los años posteriores la ONU, la “potencia” administradora y otras muchas naciones les prometieron un referéndum de autodeterminación. Nunca ignoraron los mensajes de lo que por entonces representaba el orden internacional y, aunque tuvieron que recurrir a la guerra, nunca miraron hacia atrás.

A pesar de ello se han convertido en estatua de sal, del mismo modo que en la tradición islámica la mujer de Lut, sobrino de Ibrahim cuando abandonaban las tierras de Sodoma y Gomorra.

Esta mujer saharaui de la foto es la alegoría de la interminable espera de su pueblo. Su asiento pétreo es ya pura sal y la sal le sube por la melfa. Pronto alcanzará el negro bolso que ha dispuesto prudentemente alejado.

¿Cuál será la siguiente traición? ¿cuál la siguiente demora que añadirá más cristales de sal? ¿les espera a los saharauis alguna nueva añagaza en la tramitación de la ley que debe otorgarles la nacionalidad española?

Esta ley – que debería llamarse de retrocesión de la nacionalidad española ya que la que tenían les fue arrebatada mediante exigencias administrativas que no podían cumplir- tendrá que debatirse en el inicio del nuevo curso político.

Si el vehículo que espera esta mujer tardara en llegar unos meses y se le permitiera viajar hacia el oeste y llegar a los territorios ocupados podría encontrarse con las obras de la autopista Donald Trump que es como ha denominado servilmente el sátrapa marroquí a la carretera que unirá Tiznit con Dajla.

Pero si te fijas bien, Mohamed VI, Maria Corina Machado, Gianni Infantino o Benjamin Nertanyahu tienen ya aspecto de estatua de sal al igual que su mentor, el emperador con rostro de sal yodada. Es el arma letal del tiempo.

Emilio Sánchez

 

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