
Hoy muchas familias saharauis acuden a las mezquitas con sus mejores galas; es un día especial, celebran Eid al Adha, que podríamos traducir como la Fiesta del Sacrificio, la Fiesta del Cordero. Os deseamos un feliz día y que esta fiesta os recuerde la importancia de los valores del sacrificio y la solidaridad, valores que el pueblo saharaui tiene siempre presente en su lucha por la libertad.
Hoy he vuelto a ver la película que da título a este artículo. El famoso film de Jonathan Demme es mucho más que un thriller psicológico.
Hannibal Lecter viene a decirnos que la inteligencia no conduce necesariamente a la moralidad, representa un mal sofisticado, inteligente, culturalmente refinado, capaz de manipular sin necesidad de violencia visible constante. Clarice Starling representa una búsqueda existencial, no solo quiere resolver un caso, tiene conciencia moral, pero opera en instituciones lentas, ambiguas o interesadas, intentando salvar víctimas dentro de un sistema excesivamente grande para ella. Buffalo Bill intenta construirse una nueva identidad usando la piel de otros, toda una declaración de intenciones.
Se nos sugiere que la línea entre civilización y barbarie es frágil; los asesinos no vienen “de fuera” de la sociedad, forman parte de ella. En la película, los corderos representan inocencia, vulnerabilidad, son víctimas silenciosas cuya voz nadie escucha. Lo inquietante no es solo el crimen, sino cómo instituciones enteras conviven con él. El horror deja de parecer horror cuando se vuelve cotidiano. Los “corderos” gritan, pero el mundo escucha selectivamente.
No hay que ser muy lince, ni siquiera muy borrego, para darse cuenta de que la película plantea un dilema moral: ¿Qué ocurre cuando una sociedad aprende a convivir con el sufrimiento ajeno mientras mantiene una apariencia de normalidad civilizada?
¿Os suena a algo ese dilema? Pues lo dicho, Feliz Eid al Adha.
Javier Bonet






