UN CUENTO SAHARAUI

 

 

ESCRITO EN ÁRABE E ILUSTRADO POR LOS NIÑOS DEL TALLER DE  ECRITURA DE BOJADOR. TRADUCIDO AL CASTELLANO POR ALGHAILANI

Había una vez un hombre saharaui que vivía en el desierto del Sahara, donde el agua es muy escasa. El hombre no contaba con más compañía que la de su íntimo amigo, su camello. Pasaba días y meses sin ver a nadie, hasta que una buena mañana de lo alto de una dunita bajó un hombre que tenía pinta de ser sabio. El saharaui saltó de alegría ante la visita de aquel desconocido.

Como los beduinos son muy hospitalarios, nada más verlo le invitó a tomar un té. Después le ofreció dátiles y trigo para cenar. Pasadas unas horas llegó el momento de la partida y el hombre le pidió agua para el camino. El beduino, muy apenado le contestó:

—Lo siento, pero el agua que tengo es muy escasa. No puedo darte nada.

El hombre comprendió que el saharaui era sincero y, entonces, también él se sinceró y le dijo:

—Querido amigo, yo soy uno de los genios más poderosos del desierto y como has sido hospitalario y sincero conmigo, puedes pedirme un deseo.

El saharaui sintió una gran alegría cuando las palabras del genio cayeron en sus oídos. Y sin pensarlo dos veces, exclamó:

—Te pido agua para mi camello y para mí.

Apenas había terminado de hablar cuando vio que el genio ya se estaba alejando. Sin embargo, antes de que se perdiera en el inmenso desierto, empezaron a caer finas gotas de agua que alegraron el corazón del hombre saharaui.

Y se abrigó  la tierra con una manta verde y acogedora. Y desde aquel momento, el hombre contó con la compañía de muchos vecinos que fueron montando allí frigs.

Desde aquel día, los beduinos denominaron a aquel año “El año almaálum” ( el año generoso).

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *