LETRAS ATREVIDAS

Las Bibliotecas son los lugares donde viven las letras. Duermen y descansan de manera aparentemente ordenada en unos habitáculos que se colocan en las estanterías. Y allí esperan pacientemente.

Hasta ahí todo casi controlado. Pero… cuando alguien, inocentemente o no, comienza el gesto de aproximar la mano a ese objeto llamado libro, ellas empiezan a ponerse nerviosas, se agitan, se revuelven, se emocionan y se asoman por el borde de la página a ver qué cara tiene la persona que les va a dar vida.

Este pequeño acto ocurre muchas veces en todas las bibliotecas del mundo, pero en la mayoría de las ocasiones pasa desapercibido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una tarde de Diciembre, en la Biblioteca del proyecto Bubisher, del campamento de refugiados saharauis de la wilaya de Dajla, volvió a ocurrir. La única diferencia es que estábamos atentas. Y vimos como las letras se asomaban por el borde de algunos libros y nos pedían a gritos que las sacáramos de paseo. Eso hicimos. Primero iban de nuestra mano mirándolo todo. Saludaron al pulpo Javi que se había instalado en el techo, le dieron un beso a Suadu que estaba en el ordenador registrando algunos libros y cuando ya se fueron soltando… salieron por las ventanas a disfrutar del sol y las flores que estaba regando Abdeahi y empezaron a revolotear contentas. Pudieron irse a la badía, montar su haima y sentirse libres viendo el nuyum… pero decidieron quedarse con nosotras en nuestra biblioteca y organizarse para contarnos miles de historias. Antes de retirarse a descansar… jugaron con nuestros cuerpos y nuestras miradas. Esta imagen es una pequeña muestra de lo que allí sucedió.

Chus Juste

 

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