NAHA Y NAMA O EL CONTADOR CONTADO

Ese día tocaba visitar la biblioteca de Ausserd e iba yo dispuesto a contar algún bonito cuento a los lectores que hubiera…y allí estaban dos jóvenes lectoras Nama y Naha, de 9 y 10 años que se me presentaron como amigas. Su entusiasmo por la lectura del cuento que estaban leyendo era tan grande que decidieron contármelo a mí. Era un cuento en árabe, de los muchos de los que ya dispone el Bubisher en cuatro de los campamentos de refugiados saharauis. Intervenían un tigre, una pequeña abeja y un ratón y ellas me lo explicaban en un español perfecto y se reían de mi lentitud para comprender la historia. También me dieron una clase de árabe y gracias a ellas ya sé decir abeja y tigre y mariposa… como las que acudieron al pequeño jardín que adorna la biblioteca de Dajla. En la sala de lectura se dibujaban unos toboganes de luz en los que flotaban caprichosamente miles de partículas de polvo que ascendían y descendían al compás de los expresivos y vivaces ojos de estas dos niñas saharauias. Eran unos trazos dorados que procedían de una de las ventanas que no estaba cerrada del todo… y por la que ellas podían viajar por todo el mundo y conocer todos los lugares que quisieran y era tanta la envidia que despertaban que una pequeña duna se ha ido arropando junto a una de las paredes de la biblioteca y ya casi llega a esa ventana…porque no sé si sabias que las dunas también quieren leer.

Nama, Naha y Emilio

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