VOCES QUE CUENTAN: MÓNICA RODRÍGUEZ

Conozco el proyecto Bubisher casi desde los inicios a través de Gonzalo Moure. Llevar libros al desierto. Llevar cultura a los campamentos de refugiados saharauis. Durante tres veranos, convivimos con Amaina, una niña saharaui, que vino con el programa Vacaciones en paz. Conocía la historia y la realidad saharauis a través de sus ojos, de los de Amaina, de los de Gonzalo. De los ojos de otros muchos que han vivido y viven y escriben sobre ello. Pero no fue hasta el año 2015, en el que fui con mi hija Marta a visitar a Amaina al campamento de refugiados saharauis de El Aaiun, en Tinfuf (Argelia), cuando comprendí todo su significado. Llevar libros al desierto, a los niños y los adultos que viven encerrados en la hammada, en una espera paciente, casi resignada, para que se haga justicia y les devuelvan su pedazo de tierra junto al mar, arrebatado hace casi 43 años, es mucho más que llevar libros al desierto. Sentadas en la casa de adobe de la familia de Amaina, con Halifa haciendo el té, yo miraba a través de la ventana. Arena y arena y arena y jaimas y más casas de adobe. Solo eso. Arena y cielo. Sol y casas de abobe. Después volvía la vista hacia la hermana mayor de Amaina, Leila, de 18 años, sentada en una esquina, leyendo el Corán. O mirando con esos ojos negros y grandes aquella misma ventana. Un día y otro. Y así un año y otro. Tan joven, sin nada que hacer que no fuera el Corán o las tareas de la casa. Y ese era el destino también de Amaina. De tantas niñas y niños. Mirar por esa ventana el desierto árido y cruel. La arena y la luz. Por la noche el cielo estrellado. A nosotros nos falta ese cielo. (Y su generosidad y su paciencia y algunas otras cosas de su cultura profunda y milenaria). Pero a Leila le faltaba el mundo al otro lado de la ventana. Ese mundo que todo joven necesita para construirse, para encontrar su camino. Para conocer y decidir en libertad. Y esa ventana por la que ella miraba podía llenarse de cosas, de aventuras, de misterio, de tragedias, de amor, de vida. Y mientras solo hubiera la posibilidad de la arena, Leila solo tendría el Corán y las tareas de casa. Por eso resulta tan necesario el Bubisher, para transformar esa ventana. Y eso es lo que hacen los libros en las manos de un lector. De Leila, por ejemplo. De Amaina. Llevar libros al desierto es darle alimento a las niñas y jóvenes como ellas. Es darles ventanas para mirar e iniciar el camino de su libertad interior. Mientras esperan.

Mónica Rodríguez

Una respuesta a VOCES QUE CUENTAN: MÓNICA RODRÍGUEZ

  1. La lectura proporciona Libertad. Totalmente de acuerdo

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