CERVANTES

El nuevo director del Instituto Cervantes, el poeta Luis García Montero, llega al cargo con aire nuevo. Hace trece años, cuando arrancaba el proyecto Bubisher, nos entrevistábamos con el subdirector del Cervantes en su sede, para pedirle ayuda para el envío del primer bibliobús. La sorprendente respuesta fue que el Cervantes no dependía de Cultura, sino de Asuntos Exteriores, y que este ministerio vetaba cualquier iniciativa sobre el Sáhara Occidental (obviamente, para no irritar a Marruecos). Han pasado muchos años, y el Bubisher, en palabras de destacados intelectuales saharauis y españoles, cumple los que deberían ser los objetivos del Cervantes: promueve y mejora el uso del castellano (y también del árabe, su primera lengua) en cuatro de los cinco campamentos de refugiados de Tinduf. Es seguramente la hora de pedirle al nuevo director que vuelva la mirada hacia un pueblo que lleva 42 años en el exilio y el sufrimiento, por culpa de España, que sigue siendo su “potencia colonial”. Un pueblo con graves deficiencias alimentarias y sanitarias, y que apenas puede pagar a sus maestros. Y que, por tanto, mal puede atender la necesidad de bibliotecas públicas. El Bubisher asume ese compromiso entre los pueblos español y saharaui, pero estaríamos encantados de dejar toda nuestra infraestructura en manos del Cervantes, si éste decidiera hacerse cargo de ella. Nos sentiríamos orgullosos de los hecho hasta ahora, y representados por nuestro estado de cara al futuro. Y no solo en los campamentos, también en las ciudades ocupadas por Marruecos, donde la cultura saharaui, y por tanto también el castellano, son perseguidos. Luis García Montero ha anunciado la expansión del Cervantes por África. África empieza para España en el Sáhara, su antigua provincia. “Un beso, solamente un beso”.
En la imagen, un detalle del Instituto en Rabat. No pedimos tanto.

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