A MÁS DE 2000 KILÓMETROS

Dicen que la distancia es el olvido, que solo queda en el tiempo una especie de amnesia que bloquea la memoria.

Los campamentos de refugiados saharauis están a más de 2000 kilómetros de Madrid, demasiada distancia para quienes creen tener el poder en sus manos, demasiado olvido, demasiado mirar hacia otra parte, porque esa otra parte habla con lengua de serpiente.

Sin embargo, para quienes miran de frente, miles de personas con la memoria íntegra, los campamentos están cerca, muy cerca, porque, para ellos, la distancia no se mide en kilómetros sino en empatía y el tiempo no es una goma de borrar, es un bolígrafo de tinta indeleble con el que se viene escribiendo una larga y dura historia.

Mantener viva esa memoria supone trabajar para hacer visible lo que ocurrió, para dar a conocer el día a día de la vida en los campamentos, para apoyar de forma activa la lucha por la libertad. En este sentido, los escritores cuentan y mucho. Sus ensayos, sus novelas, sus poemas… mantienen viva la memoria colectiva, nos permiten analizar, reflexionar, sentir, conocer… Aproximarnos, no olvidar.

Por otra parte, que en los campamentos los niños, los jóvenes y menos jóvenes lean, se informen, se acerquen a otras realidades, también es parte de esa tarea de hacer visible a su pueblo y de abrir canales hacia la libertad. Porque cultura y libertad son inseparables.

Y como la cultura y la libertad, aunque estemos a más de 2000 kilómetros, la gente bubisher, de allí y de aquí, somos inseparables.

 

 

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